El acceso cada vez más sencillo a las apuestas, especialmente mediante celulares y plataformas digitales, ha convertido a la ludopatía en un problema de salud mental que preocupa al sistema sanitario. En diálogo con Correo, Eriksson Pinto, psicólogo de la Dirección de Salud Mental del Ministerio de Salud (Minsa), expone el panorama.
¿Qué es la ludopatía?
La ludopatía es un trastorno psicológico asociado a las conductas adictivas. Se caracteriza por una conducta persistente de apostar con la expectativa de obtener una recompensa y puede generar consecuencias financieras, familiares y de salud.
¿Qué tan extendida está la ludopatía en el país?
En 2025 se registraron 14,400 atenciones por ludopatía. Entre enero y julio de 2026 ya se habían alcanzado aproximadamente entre 8,500 y 9,000 atenciones. La tendencia es ascendente, por lo que probablemente se supere el registro del año pasado. Estas cifras corresponden específicamente a ludopatía y no incluyen otros problemas vinculados a conductas adictivas, como el trastorno por uso de videojuegos o el uso problemático de internet.
¿Qué explica el incremento?
La facilidad de acceso. Hoy se puede apostar desde un celular, una computadora o una tableta. Las plataformas hacen que la actividad resulte atractiva y sencilla, mientras que la publicidad tiene una presencia importante, especialmente alrededor de eventos deportivos.
¿Qué hace que una persona sea más vulnerable a la ludopatía?
Hay factores psicológicos importantes, como una elevada impulsividad, poca tolerancia a la frustración y determinadas creencias distorsionadas sobre el azar y la posibilidad de ganar. También influye la disponibilidad. El acceso permanente facilita que la persona continúe jugando.
¿Qué ocurre en el cerebro cuando una persona apuesta repetidamente?
El mecanismo de recompensa tiene un componente neurobiológico similar al observado en otras conductas adictivas. Una ganancia puede generar una sensación placentera que refuerza la conducta y lleva a querer repetirla. Con el tiempo, la persona puede dedicar más horas al juego y continuar pese a las consecuencias negativas.
¿Existe realmente un “juego responsable” como lo señala la publicidad?
Desde la perspectiva del sector salud no consideramos saludable apostar con la expectativa de obtener una ganancia. La experimentación puede implicar un riesgo, especialmente en personas con factores de vulnerabilidad. Por eso no promovemos la idea de que exista un juego responsable como garantía de seguridad.
¿Cuáles son las primeras señales que deberían alertar a los familiares?
Hay señales como una preocupación creciente por las apuestas, revisar constantemente estadísticas deportivas o información sobre jugadores, dedicar cada vez más tiempo al juego y mostrar una fuerte expectativa por obtener una recompensa.
¿Los adolescentes y jóvenes son un grupo vulnerable?
Sí. Los adolescentes y jóvenes están en una etapa de desarrollo del cerebro y del sistema nervioso central. La exposición temprana a estímulos de recompensa puede favorecer hábitos poco saludables. En las atenciones del Minsa, los adultos concentran la mayor proporción, seguidos por los jóvenes; los adolescentes representan un porcentaje menor, de alrededor de 15%.
¿Qué medidas considera necesarias desde el Estado para contener el problema?
Desde el sector salud se vienen planteando espacios de trabajo con instituciones involucradas. Entre los aspectos que se consideran están medidas relacionadas con los impuestos, una regulación más efectiva de la publicidad y un mayor control sobre la promoción de las apuestas. También es importante fortalecer la fiscalización y supervisión correspondiente a las autoridades competentes. Desde el Minsa, además, se busca informar a la población, promover estilos de vida saludables e identificar tempranamente los casos en los servicios de salud.
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