Y un día ese cielo gris se volvió claro. Y el día de ayer, el Día del Padre, nos supo como el café más sabroso que existe. Porque el aroma del café se asomaba en el ambiente, pero quien la degustó, el que perfiló las narices para sentir su aroma, fue Perú; aquel país que muchas veces nos hace rechinar lo dientes, nos defrauda, pero esta vez, como un estribillo del Puma Carranza sin mencionar una crema, Perú es Perú. Y vale la pena repetirlo.
Salir por las calles a las dos de la tarde, cuando el árbitro argentino Néstor Pitana, daba esa pitada inicial de 90 minutos, y ver que la Incontrastable estaba paralizada, desierta, como diría un comercial, no tiene precio.
La fe del pueblo está intacta y la voz del pueblo es la voz de Dios. Junín y todo el Perú están allí, en esa mirada a una pelota que ruge, que suena a pasión, que sigue viva y que toda una patria lo retumba.
Ayer, en una vuelta por el centro de la ciudad se notó que Huancayo vivía más que nunca, tenía corazón propio. Las almas estaban en Chile y el cuerpo estaba en el Perú. Una pachamanca, un cuy de plato de fondo o un chicharrón que te suena a grasa, pero que te llena el corazón de gracias, acompañaban magistralmente un domingo espectacular. Así es Junín. No tendremos mucho, pero si tenemos gloria. El fútbol llena más que un día de campo, lo dicen los expertos y tienen razón.
MÁS QUE UN PARO. Si unos estadios tienen esa tribuna sur y norte, ayer en todas las latitudes no salió ningún auto. La camiseta pesa más que el pasaje y el vuelto es la gloria.
La calles lucían desoladas. Desde el Caminito de Huancayo y Quebrada Honda que son las entradas, hasta nuestras salidas para las demás regiones. Bastaba ver cómo se aglomeraban los centros y tiendas comerciales o donde se venden comida. Eso solo lo hace el fútbol y por eso dicen que el fútbol une más que las religiones.
Televisores led de gran tamaño hasta los de 21 pulgadas proyectaban el partido en bares, restaurantes y más.
Nadie se perdió el encuentro. Camisetas con la blanquirroja que suben de 20 a 70 soles y unas vinchas que duermen 24 horas con el hincha. Así celebró Junín, sin bulla, pero con gozo en las gargantas. Sin mucho barullo, solo luciendo la bicolor más hermosa que nunca.
Más de un millón de juninenses ayer no gritó gol, no ganamos, pero se luce feliz de la camiseta y del pueblo que lo representa.
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Comercios, bares y hasta plazas se vieron abarrotados, solo las calles lucían vacías durante el partido