Por sus venas recorre la impetuosa sangre del arte. Faustino Maldonado, no solo heredó esa sangre de artista a sus cuatro hijos (a quienes bautizó como Graciela, Gabbler, Glider y Gabriela), sino también, les inculcó el respeto, la humildad y la unión. Quizá por eso, hoy, el taller familiar que fundó junto a su esposa Agripina, sea uno de los mejores del distrito de Hualhuas.
arte. El taller vio la luz el año 1973, cuando don Faustino, luego de terminar sus estudios en su querido 'José Olaya' (Hualhuas), y consciente del talento que corría por sus venas, se atrevió a dominar el telar (aquella pesada máquina de madera 'adornada' con un 'telaraña' de enrevesados hilos indomables). Cuando lo logró, el viento se encargó de llevar su nombre y fama, a todos los rincones del valle.
Descendencia. “Gracias a Dios”, como él dice, sus hijos heredaron su arte, y juntos, con mucho esfuerzo, lograron que su marca también se posicione en los exigentes mercados de Estados Unidos y Alemania. Ahí exporta sus finos ponchos de fibra de alpaca.
Su taller es el más visitado de Hualhuas, los turistas admiran y compran las prendas. Y si hay alguien que quiera aprender el arte, don Faustino no dudará en acogerlo, instruirlo y si es posible, bautizarlo con la inicial 'G'.
En 400 % más se incrementa, en muchos casos, el precio de una prenda de exportación.
“No me desprendo de la mano de mi abuelo ni suelto la mano de mi nieto, porque de aquel, lo que aprendí, a este le enseñaré”. Este lema sostiene los cimientos de la familia Maldonado Lazo y 'condena' a sus descendientes a seguir siendo los mejores artesanos de Hualhuas.