Dícese de la persona que se dedica al periodismo, en cualquiera de sus formas, ya sea en la prensa escrita, radio, televisión o medios digitales. El periodista se dedica básicamente a la búsqueda de información y a su posterior difusión. Existen varios principios que guían la labor del periodista, el principal de los cuales es el respeto por la verdad y el rigor en la búsqueda de la información. En general, se considera buen periodista al que consigue información relevante, breve y exacta en el menor tiempo posible. Hasta hace cuatro o cinco décadas no se conocía otro periodista que no fuera el de oficio, ya que no abundaban las facultades y escuelas de comunicación. La formación periodística se generaba en el propio trabajo. El periodista de escuela es el que ha pasado por una sistematización de los conocimientos en la materia. Dispone de una imagen intelectual importante, pues se supone que cuenta con un bagaje de información integral para el óptimo desempeño de la labor profesional. Los años dedicados al estudio constituyeron una base común de apropiación de conocimientos teóricos para luego ejercitar de manera concreta el perfil que se desea adoptar para la práctica profesional. Quienes han atravesado esta segunda experiencia coinciden en que la academia permite conocer que la comunicación es un proceso de construcción de sentido que atraviesa las distintas prácticas de la sociedad. La sociedad interactúa con los medios y resignifica su existencia en las construcciones, relatos, creaciones y manipulaciones que ella produce. Siempre han existido prejuicios por parte de los periodistas de escuela hacia los de oficio, y viceversa. Se decía que el egresado pretendía escribir comentarios de política internacional y probablemente no sabía redactar una gacetilla; y el periodista de oficio, muy limitado en su formación, tenía la intuición necesaria para saber cuál era la noticia. Por el contrario, el periodista académico se jactaba de su paso por la universidad y el bagaje intelectual con el que contaba. Si bien muchos señalan que el más común de los déficits de las carreras de periodismo y comunicación es la carencia de prácticas en redacciones o estudios de radio y televisión -y esto coloca a los egresados en una situación inicial de desventaja-, es fácilmente corregible al comenzar la actividad profesional. Aquella confrontación de los años setenta no quedó del todo en el olvido, lo mismo que la relación que existía entre la cantidad de periodistas de uno y otro origen dentro del medio de comunicación. Hoy la situación es totalmente opuesta y de cada diez ingresantes a las redacciones, nueve son egresados de facultades de periodismo. LA PRENSA. La prensa escrita, o prensa periódica, a veces llamada “prensa” solamente, es el conjunto de publicaciones impresas en papel, de tirada periódica, destinadas principalmente a difundir información, sobre todo de la actualidad, pero también para entretenimiento (cómics y pasatiempos). Se distinguen la prensa diaria, impresa en papel barato; y las revistas, más ilustradas, en color e impresas en mejor papel. Esta última forma de publicación ha experimentado una gran diversificación que le ha permitido resistir mejor a la competencia de los medios de comunicación electrónicos, tales como la televisión, la radio y la Internet. La variedad general se publica una vez al día (de ahí la frase “prensa diaria”), algunas veces con excepciones para los domingos y los festivos nacionales. Otra variedad, menos grande y prestigiosa, se publica una vez a la semana (semanales). Muchos países tienen al menos un periódico que circula por todo su territorio, un diario nacional, a diferencia de un diario local que trata de una sola ciudad o región. Estados Unidos y Canadá son una excepción parcial a esta tendencia, ya que cuentan con casi ningún diario de enfoque y distribución universal dentro de sus territorios. El dueño o encargado se llama editor. La persona encargada del contenido se llama director, director jefe o director ejecutivo. Fuente: https://es.geocities.com