Busto simbólico con el rostro de la Señora de Cao, la mujer con un rango casi semidivino que estuvo oculta por 1.700 años en una fastuosa tumba de la Huaca (templo) Cao Viejo, en el interior del complejo El Brujo. (Foto archivo GEC)
Busto simbólico con el rostro de la Señora de Cao, la mujer con un rango casi semidivino que estuvo oculta por 1.700 años en una fastuosa tumba de la Huaca (templo) Cao Viejo, en el interior del complejo El Brujo. (Foto archivo GEC)

Considerada la mujer más poderosa del Antiguo Perú, sigue maravillando y escondiendo secretos 15 años después de que su descubrimiento obligara a reescribir los libros de historia y el rol de las mujeres en las civilizaciones prehispánicas.

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“Fue un hito para Perú y para el mundo entero”, recuerda a Efe el arqueólogo peruano Régulo Franco, quien junto a la Fundación Wiese dio a conocer al mundo en 2006 el hallazgo de , la primera mujer conocida con absoluto poder dentro de la civilización moche.

Durante 1.700 años esta mujer con un rango casi semidivino estuvo oculta en una fastuosa tumba de la Huaca (templo) Cao Viejo, dentro del complejo arqueológico El Brujo, a unos 60 kilómetros de la ciudad de Trujillo, en la costa norte de Perú.

Allí había sido enterrada con sus riquezas y joyas, en compañía de cinco individuos, entre ellos dos sacerdotes, dos guardianes y una adolescente, en una sala de 275 metros cuadrados decorada extraordinariamente con murales que presentan la cosmología moche, en los aparecen distintas divinidades como felinos y el pez life.

Cuando desenterraron su fardo funerario, que pesaba 120 kilos, ninguno de los arqueólogos podía intuir que el personaje dentro de las 25 capas de telas, finos tejidos, gasas, algodón y placas de cobre que envolvían a esta momia era una mujer.

“Era un misterio quién se encontraba dentro hasta que meses después nos dieron la feliz noticia que se trataba de una mujer. Ahí cambió nuestra historia. Empezamos a darnos cuenta que las mujeres sí tenían un rol fundamental en el desarrollo de las sociedades del Antiguo Perú”, destaca Franco.

El médico forense español, Jordi Esteban Farre, realizó una investigación paleopatológica de la Señora de Cao; y como resultado de dichas investigaciones, Esteban reveló que la muerte de la Señora de Cao probablemente se debió a fuertes convulsiones, las que se le conoce como eclampsia. (Foto archivo GEC)
El médico forense español, Jordi Esteban Farre, realizó una investigación paleopatológica de la Señora de Cao; y como resultado de dichas investigaciones, Esteban reveló que la muerte de la Señora de Cao probablemente se debió a fuertes convulsiones, las que se le conoce como eclampsia. (Foto archivo GEC)

Una figura inédita

Hasta ahora aún es una incógnita las razones que llevaron a esta mujer, que tenía apenas 25 años y una estatura de 1,48 metros en el momento de su muerte, a ocupar el lugar más prominente de la civilización moche y dominar en lo político, administrativo y religioso todo el valle del río Chicama en torno a los siglos IV y V.

En su apogeo pudo ser coetánea de otros grandes gobernantes moches, entre ellos un antecesor del Señor de Sipán, cuyas tumbas reales, a las que se les ha comparado con Tutankamón por su suntuosidad, fueron descubiertas en 1987 por el arqueólogo Walter Alva en la Huaca Rajada, 170 kilómetros al norte de Cao Viejo.

“No olvidemos que las tumbas del Señor de Sipán estaban en un mausoleo fuera del templo. Aquí es todo lo contrario. La tumba está dentro del recinto del templo mayor moche. Considerando que los espacios arquitectónicos de este edificio eran sagrados, le da una mayor categoría social y política a esta mujer”, apunta Franco.

Régulo Franco, el arqueólogo cusqueño que junto a la Fundación Wiese dio a conocer al mundo en 2006 el hallazgo de la Señora de Cao. (Foto archivo GEC)
Régulo Franco, el arqueólogo cusqueño que junto a la Fundación Wiese dio a conocer al mundo en 2006 el hallazgo de la Señora de Cao. (Foto archivo GEC)

Tatuajes sagrados

El cuerpo estaba en excelente estado de conservación, gracias a la sal del agua de mar con la que probablemente fue lavado y luego al cinabrio (sulfato de mercurio) que le untaron en el cuerpo en un largo ritual funerario.

Así, se apreciaban en toda su magnificencia los tatuajes que adornaban sus antebrazos y manos, con figuras de serpientes, en señal de su poder religioso como curandera y posiblemente también como oráculo, y de arañas, por su destreza tejedora.

“La Señora de Cao es el hallazgo más importante que se ha dado hasta la fecha en el complejo arqueológico El Brujo, el que más ha sido estudiado y el que más renombre ha traído”, comenta a Efe la gerente general de la Fundación Wiese, Ingrid Claudet, que financia las investigaciones.

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“No hay otro contexto funerario que se pueda comparar y eso dificulta aseverar con seguridad exactamente cuál fue el rol que cumplió. Hay muchas interrogantes que todavía están abiertas y que van a seguirse investigando a lo largo de los años”, añade.

Libro en camino

Con motivo del decimoquinto aniversario del descubrimiento, la Fundación Wiese publicará este año el libro más completo hasta ahora de la Señora de Cao, con todos los estudios e investigaciones realizados hasta la fecha, incluidos análisis de sus tatuajes y ornamentos, y con las teorías e hipótesis de 15 especialistas.

“El rol de la Fundación no es tomar partido por uno de los investigadores, porque la arqueología no es una disciplina de consensos necesariamente, sino es promover más investigación y discusiones contrastadas, y que eso produzca conocimiento”, precisa Claudet.

En El Brujo se da además la particularidad de que es un enclave ocupado desde hace 14.000 años, “algo bien raro y con un valor muy preciado”, según Claudet, pues “cada hectárea encierra muchísimo conocimiento y estamos muy lejos aún de poder siquiera vislumbrar”.

Desde que la Fundación Wiese comenzó a investigar en 1990 en El Brujo solo se ha trabajado en el templo mayor, donde se halló a la Señora de Cao.

“Lo que hemos excavado viene a ser ni el 5 % de lo que representa el complejo de El Brujo. Hay mucho por conocer y descubrir. Hay trabajo para ‘mil años’”, concluye Franco.

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