Cuando la necesidad apremia, las madres, sobre todo solteras, son las primeras en ingeniárselas para llevar un pan a sus hijos. Están en cualquier punto de la ciudad, en los mercados, en las esquinas de las calles, en las puertas de algún colegio o simplemente donde haya mayor concentración de personas.
Una de ellas es Betty Camposano Siuce (42), madre de cuatro niños, quien manifiesta que para ella no hay pretexto ni descanso con tal de trabajar para sus hijos. “Yo hice de todo, antes vendía periódicos ahora lo hago con las frutas de temporada así como refrescos en los paraderos, a veces la policía municipal nos bota, pero me las ingenio para evadirlos”, cuenta mientras esboza una sonrisa y mira tiernamente a su bebé de siete meses que se encuentra a su lado.
Señala que este trabajo le permite dividir su tiempo y dedicárselo a sus hijos, “ luego de llevarlos al colegio, cargo mis productos y me voy a expenderlos hasta el mediodía, siempre logro acabar una caja de uvas y una de mandarina”, manifiesta al tiempo que uno de sus clientes le compra una bolsa de uvas lavadas. Antes de irse a 'volantear' sus bolsas de fruta, Betty alcanza a saludar a las madres, que como ella pasarán su día trabajando.
OTRO. María Rodríguez Dionisio (46) tiene una labor que es realizado en su mayoría por los varones, es lustrabotas y pertenece al Sindicato de Trabajadores de Calzado del Parque Constitución. Pese a los inconvenientes al principio, como la envidia de alguno de sus compañeros y la discriminación de los clientes que muchas veces prefieren ser atendidos por un varón, María continúa trabajando con la escobilla y el betún. “Ahora me llevo bien con mis compañeros, siempre les digo que se porten bien, yo laboro por mi niño de diez años, los otros dos ya son mayores, antes vendía helados y cosméticos, pero aquí gano más”, manifiesta y se pone pensativa al recordar al padre de sus hijos que se fue hace años para trabajar en Pucallpa.