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Los cuentos del tío Venancio

Actualizado el 02/12/2010, 09:36 p.m.

VEDOCO (Víctor Domínguez Condezo) no nació en la ciudad felizmente, sino en la comunidad de Coquín. Allí aprendió el lenguaje de los jirkas y bebió la savia de la pachamama. Hace 21 años, argumentaba que escribía para no olvidar su Tierra Nativa y “esclarecer tantas tergiversaciones que hay en los libros y tantas cosas que se olvidan del Perú auténtico”. Recientemente, ha publicado “Los hijos de Pacha y Punchao. Los cuentos del tío Venancio” (Edit. Puntocom. 2010. Págs. 84), un libro de acercamiento a la naturaleza generosa y sus personajes emblemáticos, que luchan por la perpetuidad del hábitat o la sobrevivencia. Existe una variedad de personajes. Puntinco es un escarabajo (ismaytanga) que transporta una bola de estiércol fresco. El tío Venancio es narrador oral, con mucha sabiduría y estilo para comunicar experiencia. Las “hormigas laboriosas, de cinturitas finas y muy comedidas”, del cerro de Aukinmarka. Wayra es el viento andino benévolo o furioso. Rabito es un perrito de vida azarosa y de trágico final. Es un personaje muy estimado como Pibe de Andrés Cloud y Terrible de Adalberto Varallanos. El escenario es predominantemente andino. “Frío o caliente” es una fabula contra la incoherencia. En Tauripampa, aves y roedores proponen el progreso, pero el murciélago (chicche) no se define si es ave o roedor. Los ríos de Naupamarca, enfurecidos, viajan hasta los mares para buscar sal y ají. La parcela de Marcela quiere irse a la montaña con el próximo huayco. El lenguaje literario reboza de sensibilidad. El animismo despierta interés. En los relatos de Vedoco, las plantas conversan, los pájaros tienen sentimientos sinceros, los sapos exigen paz, los insectos trabajan disciplinados, sonríen y se enfadan. Las narraciones exhiben poesía sin ser verso. El lirismo andino vibra en cada palabra. Wayra da vueltas, viene, se va, anda zumbando, libre, limpio y jugando con el aire como niño. “? habla, grita, pasa, se deshace y desaparece?”. Se repone y levanta el pulgar. La crítica social es evidente. En el relato “Mi escuela de Yanacocha” dice: “? estoy en la escuela donde escasea el tiempo. No hay sitio para pelotear ni jugar a la pega. El salón está lleno de chibolos malcriados, el profe grita y dicta demasiado, sabe de memoria, nos cuentas que por las noches estudia, se come los libros para enseñarnos al día siguiente, habla y habla y nosotros escribe y escribe. Se cansan nuestros dedos, duele la espalda”. Son problemas irresueltos de la educación. Primero: es falso que el juego ocupa un segundo en la escuela; el niño aprende más jugando que escuchando. Segundo: los “chibolos malcriados” son agresores (bullying). Tercero: maestro memorista, libresco, monologante. Quinto: estudiante aburrido, encarcelado en el aula, a punto de morir por asfixia y estrés. En el lado opuesto, está la “escuela-trabajo”, donde se aprende haciendo algo útil para la vida en la comunidad. “Los hijos de Pacha y Punchao” está dirigido a lectores infantiles. Los relatos “Chiquitas y laboriosas” y “Pobre Rabito” deben ser incorporados al plan lector regional. Aprenderán lecciones de trabajo en equipo, responsabilidad social, respeto por la vida de los animales y el amor a la naturaleza.

Los cuentos del tío Venancio

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