La cruz llegó con los españoles. A punta de cruz, se evangelizó el imperio de los incas. La cruz reemplazó a los símbolos de nuestros antepasados. La cruz no sólo se plantó en los templos y capillas, sino en los caminos y en los pasos más alto de los andes, en las calles y barrios. La cruz reemplazó a esa cosmovisión andina que estaba dividida, en tres mundos: Hanan pacha (tierra de arriba), Kay pacha Tierra de aquí y Urin Pacha (tierra de abajo). Se hizo vigente no sólo en los pueblos andinos, también en las espaldas, hombros y en el pecho de los hombres y mujeres. ¿Quién no tiene una cruz, no lleva una cruz? Todos tenemos nuestra cruz, una cruz con nombre propio.
Al respecto, el arzobispo de Huancayo, monseñor Pedro Barreto Jimeno, dice que la fiesta de las cruces es una de las más entrañables de la iglesia, porque en cualquier parte, especialmente en los cerros, hay una cruz, también en los barrios, y calles de pueblos y ciudades.
Esta fe significa recordar a aquel que nos amó hasta el extremo, y murió en una cruz por nosotros. Además, porque la cruz es parte de nuestras vidas, sufrimientos y dolores, y porque Jesús no se quedó en la cruz, sino que después de muerto, al tercer día resucitó y esta es la esperanza y alegría que nosotros experimentamos en esta devoción.
CRUZ. En el valle del Mantaro y otros lugares, la cruz que veneran no tiene el cuerpo de Cristo, sólo el rostro con su corona de espinas, sangrando, como para decirnos que alguien resucitó después de una muerte en cruz.
Allí están las cruces más conocidas, en El Tambo, a la entrada de Huancayo; en Chilca, a la salida hacia el sur; en el este, del Cerrito de la Libertad; y al oeste del Cementerio General, como que Huancayo es una gran cruz, sin contar las que se celebran en cada una de las calles.
FIESTAS PAGANA. Lo que debe ser una fiesta devota, de profunda fe, se ha convertido en los últimos años en celebraciones hasta cierto punto paganas. Allí abunda la comida y el trago, los bailes y desenfrenos, son nidos de infidelidades, violaciones, violencia y muerte. El rojo del cuy y chicharrón es el color de la sangre derramada.
La cruz de mayo que los huancaínos festejan y veneran
Celebraciones se han convertido en fiestas paganas donde abunda el licor, comida, bailes y desenfreno.