Recordar los sucesos acaecidos en nuestra ciudad en Enero de 1821, dada su transcendencia histórica y política, es nuestro deber. Esos sucesos son epílogo de 300 años de dominación española en nuestro territorio en cuyos primeros días de conquista (1532) los Tumbesinos dimos un ejemplo a América y el mundo cuando nuestro cacique Chirimaza libró la primera guerra de resistencia contra el invasor. Una guerra en donde la heroicidad de los guerreros tumbesinos, en combate desigual, ofrendaron sus vidas en sublime holocausto, defendiendo el territorio nacional y la autonomía andina. Tumbes con la sangre de sus defensores habría de dar testimonio de la trágica diferencia de conocimiento entre cristianos y los nuestros: Soldados a caballo protegido de gruesas armaduras, con pequeños cañones y portando arcabuces y lanzas y espadas de hierro, van a combatir con tropas vestidas sencillamente, cuyas armas son lanzas, porras, macanas, arcos, flechas, hondas y piedras; es decir, una maquinaria propia del renacimiento europeo contra guerreros apenas salidos de la edad de piedra. Perdimos. Pero al invasor no le resultó muy fácil su desembarco en Tumbes. La dominación española terminó, en la segunda mitad del Siglo XIX pero no por gracia de los invasores sino porque el deseo y los esfuerzos por liberarse de la dominación española estuvieron presente en la mente y el corazón de nuestros antepasados desde el momento mismo de la Conquista y se manifestaron a lo largo de todo el coloniaje en innumerables formas de reacción, reacción que representa lo más dramático de la emancipación americana. Allí tenemos, entre otras, la rebelión de los indios y negros de Vilcabamba en 1602, la rebelión de los Indios Ochozumas de Chucuito en 1632, la rebelión de los indígenas de Cajatambo que se alzaron en 1663 bajo el grito “mueran los españoles porque la tierra es nuestra”, la rebelión de 1673 de los indios de UROS en los totorales del Desaguadero. “Todos estos levantamiento fueron conmociones de profunda raigambre social (W. Espinoza) que iban creando nuevas corrientes espirituales que a la larga terminarían en la emancipación del Perú“. En otras circunstancias la reacción fue alentada en francos proyectos de liberación, siendo los principales: La rebelión del mulato Alejos en Cochabamba en 1730; la rebelión de Juan Vélez de Córdova, quien en 1739 incito a los indios, criollos y mestizos de Oruro a sacudirse del yugo español, la rebelión de Juan Santos Atahualpa, en Huánuco y las montañas de Tarma y Jauja entre los años 1742 y 1756; y por sobre todas, la rebelión de Tupac Amaru de 1780, que fue el movimiento anticolonialista más notables y auténtico que se produjo en el Perú. Con estos movimientos se desvaneció la posibilidad de liberación a través del nacionalismo incásico. En adelante, la opción emancipadora habría de encauzarse por las vías de la reivindicación criolla, de base urbana y de ideología occidental. En el Siglo XVIII comenzaron a gestarse las doctrinas de la revolución y del liberalismo. Aquí se afirma la inquietud política y se define la soberanía, impres-criptible e irrenunciable, como delegación del pueblo a sus gobernantes. Con el Perú aparece la “Sociedad Amantes del País” de Baquijano, Unanue, Rodríguez de Mendoza, Morales Duarez, Egaña, Rossi, y otros que editan “El Mercurio Peruano” con el propósito de estudiar y difundir el conocimiento de la Realidad Peruana. Esta labor de estudio y divulgación constituye, sin lugar a dudas, el más notable aporte al desarrollo de la conciencia nacional. En 1810, las revoluciones estallaron desde México hasta Buenos Aires. Y fue el Cabildo, la institución que sirvió de gozne en la transición del gobierno en cada territorio. Eran los tiempos del Fidelismo, cuando el Virreynato del Perú se convirtió en el centro de la reacción colonialista sudamericana. Si los independentistas ?Bolívar y San Martín ? querían asegurar la libertad de las nacientes repúblicas, tenían necesariamente que desalojar del Perú al poder español. Y eso sucedió. San Martín desembarco en Pisco el 8 de Setiembre de 1820. Como era de preveerse por estar ya todo dispuesto estratégicamente por los patriotas. Ica fue la primera ciudad en pronunciarse por la emancipación en Octubre de 1820. Luego siguen: Huamanga, Huaura y Tarma el 1º, 20, 27 y 29 de Noviembre 1820. Pasco el 7, Huánuco y Canta el 25 de Diciembre de 1820. En el norte similar pronunciamiento libertario sucedió en Trujillo y Lambayeque el 29 y 31 de Diciembre 1820, y Piura el 4 de Enero 1821. LA PROCLAMA. El 7 de Enero de 1821, tal como se desprende del acta original del “Cabildo de San Nicolás de Tumbis” y de las versiones de estudiosos de la historia, Tumbes declara y proclama su independencia política y el día 14 juramenta este acto. El acta resulta ser el documento primario, idóneo y donde consta el acto jurídico de la independencia que suscriben José Jiménez Alcalde Constitucional, Antonio Abad Puell, Juan de Dios García, Juan Francisco Feijoó, Francisco Ibáñez y José Francisco Navarrete, Secretario. Todos legalmente instalados y juramentados. Que Tumbes declare, proclame y jure su independencia no fue tarea fácil, sostienen los historiadores, “ya que algunos vecinos nuestros en un comienzo no creyeron en la libertad y alentaron la vigencia del Rey; pero posteriormente frente a los irreversibles hechos históricos apoyaron nuestro credo revolucionario de independencia política del opresor. Nos parece correcto recordar a estos valientes Tumbesinos en una sesión solemne, que debe hacerse extensiva a las provincias de Zarumilla y Contralmirante Villar. Pero nos parece más justo que los homenajes vayan de las palabras a los hechos. Desterremos la corrupción, la rapiña, la politiquería, la coima, la improvisación y la incapacidad en el manejo de la cosa pública y hagamos de Tumbes un pueblo que viva en paz, feliz, en desarrollo