Una de las recientes y más excéntricas propuestas de campaña de Roberto Sánchez, candidato presidencial de Juntos por el Perú, consiste en aumentar el salario mínimo a S/1500.

Según el postulante, hay “viabilidad técnica, factibilidad económica y presupuestaria” para sustentarlo. Correo dialogó al respecto con el exministro de Economía y Finanzas Luis Miguel Castilla, quien no dudó en calificar el planteamiento como “populista”.

¿Cómo calificaría la propuesta de Roberto Sánchez respecto a un sueldo mínimo de S/1,500?

Esta es una medida absolutamente antitécnica y populista. En el Perú tenemos, más o menos, a 18 millones de trabajadores, entre formales e informales. El 70% es informal, es decir, más de 12 millones, y no les llega ningún tipo de incremento en la Remuneración Mínima Vital (RMV). A los que sí, están en el sector formal y se calcula que podría ser entre 3% a 5% de la PEA: 500 000 a 900,000 trabajadores formales.

El gran costo de esta medida es que pone la valla mucho más alta para que las empresas se formalicen, es decir, precariza aún más el trabajo. Incluso podría introducir presiones inflacionarias porque encarece el costo de la mano de obra.

Sánchez afirma que la meta es llegar a un sueldo mínimo de S/1800...

Los salarios no se decretan, esto se trata de la oferta y la demanda. Esta propuesta, que es política, beneficia a muy pocos y perjudica a muchísimos. A ellos se les va a perpetuar sus condiciones informales. Entonces, esto de técnico no tiene absolutamente nada. Esta es una muy mala idea con la que los políticos juegan para generar expectativas.

¿Son los trabajadores informales, entonces, los más perjudicados?

Esto beneficia a muy pocos a costa de la mayoría de trabajadores en nuestro país que son informales. Sánchez hace esta propuesta para crear la ficción de un incremento salarial. Los salarios no se decretan y menos en un país con una elevada tasa de informalidad.

Uno puede pensar que hay incrementos salariales en países formales, pero la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha establecido dos variables objetivas: el costo de vida y el crecimiento de la productividad del trabajador. Esta última ha caído en los últimos años. Sánchez genera expectativas de bienestar ficticia para ganar votos.

¿Qué opinión le merece su plan de gobierno?

El plan económico, publicado en la página web del Jurado Nacional de Elecciones, sería nefasto para la economía peruana.

Lo que postula, el estatismo, subordinar al Banco Central de la Reserva al poder político, nacionalizar proyectos extractivos, desconocer contratos, ampliar las empresas públicas, etc., son recetas para ahuyentar la inversión y retroceder. Eso se aplicó en países como Venezuela, donde empobrecieron a un país y, con ello, se expulsó a una gran masa de gente; y Bolivia, que está en una crisis que el nuevo gobierno no logra resolver.

La izquierda nuestra no ha innovado ni un ápice y sigue con las mismas políticas de hace treinta años, como si el mundo no hubiese cambiado, y desconociendo el impacto positivo que ha tenido nuestro modelo económico. Obviamente, falta hacer que toda la población sea partícipe de ello y, para eso, está el gasto público y otros instrumentos de política pública.

¿Y el exministro de Economía Pedro Francke?

Es un oportunismo que nunca antes he visto: que una persona se recicle como lo hace Francke para llegar al poder con el gobierno de izquierda de turno. Lo hizo con Humala y salió expectorado. Lo hizo con Castillo y salió peleado por diferencias importantes.

Esto es una táctica para moderar la agenda del señor Sánchez, quien me parece incluso más peligroso que Pedro Castillo. Está utilizando estas medidas para ganar adeptos y mostrarse como moderado. Hay gente que se presta para eso como Francke y otros que están siempre tratando de pegarse a los partidos de izquierda que tienen chance de llegar al poder. Eso me parece oportunista.

Y el ‘track record’ de Francke hay que recordarlo: hubo la fuga más grande de capitales de la historia del Perú y la pobreza incrementó durante su gestión. Entonces, yo creo que no tiene mucho que mostrar y de hecho salió muy rápido del ministerio de Economía. No es ningún ‘jale’ ni es creíble su incorporación al equipo. Más bien forma parte de esta táctica de moderación, pero que carece de credibilidad.