Cáncer en la familia

23 de Octubre del 2014 - 00:49

Pueden llorar durante días enteros o también guardar silencio absoluto, sepulcral. Les han detectado cáncer y el enojo los invade. Luego todo se transforma en cólera. Y, finalmente, en autoculpa.

"¿Por qué no me chequeé antes con el médico?, ¿por qué me pasa esto a mí?", comienzan a preguntarse. Y mientras tanto, sus familiares se preguntan: ¿y ahora qué debemos hacer?

Además de destruir el cuerpo, el cáncer afecta sicológicamente tanto al paciente como a sus parientes cercanos. Muchas veces estos no saben cómo ayudarlo y por ello suelen tomar decisiones equivocadas.

"Algo típico es evitar conversaciones con el enfermo acerca de su situación, a menudo con la idea de que el tema puede preocuparlo", dice Ana Cecilia Brozovich, directora de Educación de la Liga Peruana Contra el Cáncer.

Es más, en ocasiones la familia puede tratar de ocultarle su diagnóstico al infortunado, pues teme que este caiga en una profunda depresión e intente suicidarse. "A veces intentan convencer al médico de que no dé la noticia al paciente, creando así un clima de desconfianza y tensión que impide una adaptación sicológica al problema", sostiene Brozovich.

DIÁLOGO Y COMPRENSIÓN. Esa "montaña de miedos y emociones negativas" -como dice Brozovich- que experimenta el familiar de un paciente con cáncer puede llevarlo a dramatizar en exceso la situación. Es capaz de impedirle hacer tareas cotidianas, como si estuviese muy delicado y con los días contados. Pero la manera correcta de actuar es otra.

"Lo ideal es comenzar por validar la emoción del paciente, es decir, entender y respetar aquello que esté sintiendo. En estos casos, es fundamental saber escuchar", indica la sicóloga.

Sentir tristeza al saberse víctima del cáncer es completamente normal, así que no hay por qué pensar que alguien va a tomar una decisión fatal ante la noticia. Hay que darle un tiempo al paciente y, una vez que esté tranquilo, hacerle las preguntas correctas. Estas deben ser sinceras y no deben invadir la intimidad del enfermo. La primera, según Brozovich, es: ¿qué necesitas que haga por ti?

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