LA GRAN PREGUNTA: ¿SON GRATIS LAS MEJORES COSAS DE LA VIDA?

​Una plantilla internacional de pensadores responde a la gran pregunta: ¿Son gratis las mejores cosas de la vida?
LA GRAN PREGUNTA: ¿SON GRATIS LAS MEJORES COSAS DE LA VIDA?

LA GRAN PREGUNTA: ¿SON GRATIS LAS MEJORES COSAS DE LA VIDA?

29 de Junio del 2017 - 12:10 » Textos: Redacción

Todo el mundo dice que las mejores cosas de la vida son gratis. Pero si ése es el caso, ¿por qué rara vez estamos satisfechos con las necesidades de la vida, junto con la luz del sol, el amor y las estrellas? Al reflexionar sobre esta paradoja, la diseñadora Coco Chanel tiene fama de haber dicho: “Las mejores cosas de la vida son gratis. Las segundas mejores cosas son muy, muy caras.”

¿Está usted de acuerdo? ¿En su experiencia, cuáles son las mejores y las segundas mejores cosas y que han aportado éstas a su vida?

Yao Chen

c. 2015 Yao Chen

(Yao Chen es actriz y activista china.)

Las mejores cosas de la vida realmente son gratis. Son indispensables y están siempre con nosotros, como el aire, la luz del sol y el agua. Les ponemos muy poca atención, las damos por descontadas. Solo cuando estamos a punto de perder algo _ cuando la vista se oscurece, cuando la salud empieza a menguar o los recursos naturales de los que dependemos escasean o están contaminados _ es cuando empezamos a darnos cuenta de lo valiosas que son.

La segunda mejor, la cosa más apreciada, pienso yo, es mi carrera de actuación, que no puede medirse en dólares. Simplemente fue mi destino.

Muchos jóvenes que están empezando ahora dicen estar dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de alcanzar el éxito. Pero yo no hubiera podido realizar mis sueños si hubiera perseguido mi arte a costa de mi salud, por ejemplo, o si hubiera estado dispuesta a hacer a un lado a cualquiera de las otras “cosas buenas”. Muchas veces, la suerte es un factor importante, y así, si no alcanzamos esa meta, eso no es culpa nuestra.

Es maravilloso cuando se hacen realidad esos sueños. Yo estoy muy agradecida.

Richard Hell

c. 2015 Richard Hell

(Richard Hell es cantante, compositor y escritor estadounidense. Su nuevo libro es “Massive Pissed Love: Nonfiction 2001-2014”.)

Mi primera reacción a esta pregunta es que nada es gratis. Incluso el sol causa cáncer. El agua cada vez es más cara. Todos nos dicen que el matrimonio es trabajo. Yo me siento afortunado de que mis necesidades sean pocas. Realmente es muy bueno amar y sentirse amado, y eso no cuesta nada. La otra cosa que me gusta es el arte, y me refiero a libros, películas, pinturas _ museos _ y música, y eso tampoco es costoso.

Tengo prejuicios en contra de las cosas caras. Por lo general giran en torno de la posición social o el esnobismo; creo que es a eso a lo que se refiere Coco Chanel, aunque ella lo niegue. Podemos conseguir ejemplos muy baratos y muy buenos de las cosas más agradables si confiamos en nuestra propia sensibilidad. (No es por encarnizarme con Coco; ella era muy buena empresaria que valoraba en mucho los frutos de su talento. A ella le convenía promover los más costosos.)

Asimismo, he aprendido que, en cuanto obtenemos lo que queremos, vamos a querer mayor cantidad o vamos a querer alguna otra cosa. Lo mejor de todo es tener una vocación; que nos guste hacer algo en lugar de tener algo. Porque en ese caso, querer más significa que queremos poder hacerlo mejor y eso realmente reditúa.

Yanis Varoufakis

c.2015 Yanis Varoufakis

(Yanis Varoufakis es político, economista académico y ex ministro de Finanzas de Grecia.)

Lo mejor de la vida, la felicidad, solo puede ser un producto derivado de algo que sea auténticamente bueno (por ejemplo, una buena obra, una buena noche de sueño, el amor) y no se encuentra en ningún mercado. Las segundas mejores cosas, a las que nos dirigimos por impaciencia o desesperación, son costosas pues ningún precio puede aproximarse al valor de las mejores cosas.

Tratar de reemplazar la felicidad auténtica con un objeto o servicio adquirido es el equivalente de sustituir una buena noche de sueño por el estupor inducido por un somnífero. En el siglo XIX, algunas revistas estadounidenses publicaron esta definición: “La felicidad es como una mariposa, que cuando la perseguimos siempre vuela fuera de nuestro alcance; pero si nos sentamos quietos, podría posarse en nosotros.” Suspender esas búsquedas materialistas no nos cuesta nada.

Si condenamos la búsqueda de la felicidad como una tarea inútil, ¿cuál sería nuestra guía? El optimista en mí cree que hay algo innato en el hombre que, como el mecanismo que hace que los girasoles sigan la trayectoria del sol por el firmamento, puede ayudarnos a desbloquear nuestro lado creativo. Por el simple gusto de hacerlo. Siendo la felicidad el producto derivado que no buscamos, la mariposa que se posa suavemente en nuestro hombro.

Pero, ¡ay!, el canto de las sirenas de la faena diaria puede distraernos y convertirnos en consumidores a los que les gusta lo que compran, que compran lo que piensan que les gusta y que terminan aburridos e insatisfechos, incapaces por siempre de especificar la naturaleza de su descontento y confirmaciones vivientes del argumento de Mark Twain sobre “la multiplicación ilimitada de necesidades superfluas”.

Por otro lado, Dorothy Parker decía que nos convenía “cuidar de los lujos, que las necesidades se atienden solas”. Claro, las necesidades se atienden solas solo para aquellas personas que pertenecen al diminuto segmento de la sociedad donde el privilegio se reproduce a sí mismo.

Una sociedad civilizada les proporciona a todos las condiciones que les brinden la libertad de buscar sus propias metas con vigor y creatividad. Pero para que así sea, cada quien debe de estar libre de las tenazas del hambre, del miedo y de la explotación así como, de acuerdo con Virginia Wolf, tener “una habitación propia”.

Karl Lagerfeld

c. 2015 Karl Lagerfeld

(Karl Lagerfeld es director creativo de Chanel, Fendi y su marca epónima.)

Coco Chanel tenía razón: las segundas mejores cosas de la vida son muy caras, pues generalmente se paga más por lo que no se necesita que por lo que sí se necesita.

Suele juzgarse al lujo con bases morales, pero si pensamos en términos de economía, hay grandes beneficios. El lujo ayuda a que circule el dinero, sacando los dólares de los bolsillos de los ricos y convirtiéndose en fuente de trabajo artesanal.

Es algo muy bueno que un hotel pueda atraer clientes que estén dispuestos a pagar 80,000 dólares por una noche en una suite, pues eso es la subsistencia de muchas gente: los albañiles que construyeron la suite, los arquitectos que diseñaron el hotel, los artesanos que hicieron los muebles, el personal que trabaja ahí. Y también hay mucho orgullo en un trabajo de esa naturaleza: esa suite es una obra de arte que se usa de forma cotidiana, llena de muebles hermosos hechos a la medida.

Mikhail Prokhorov

c. 2015 Mikhail Prokhorov

(Mikhail Prokhorov es un multimillonario ruso y ex candidato presidencial; es propietario del equipo de básquetbol Brooklyn Nets.)

Yo nunca he sido muy materialista. Seguí viviendo en el pequeño departamento soviético de mi juventud mucho tiempo después de que me hubiera podido permitir vivir en otro lugar. Si visitaran mi casa en Moscú ahora, verían que básicamente parece un buen hotel con un residente anodino: no hay obras de arte ni huevos Fabergé a la vista. Solo yo, generalmente descansando con mi ropa deportiva de los Brooklyn Nets. (Costo: 95 dólares.)

En mi opinión, las “segundas mejores cosas” o las cosas muy caras solo valen la pena si sirven a un propósito útil. Navegar me produce mareos, así que tengo un yate, pero solo lo disfruto porque me permite usar mi moto acuática. Ser mejor en ese deporte es una meta personal que me esfuerzo en alcanzar.

Lo mejor del yate es gratis: la satisfacción de haber estado a la altura de un desafío y de dominar un nuevo movimiento (¡que es especialmente difícil cuando mides 2.13 metros!). Esto es algo que nadie puede hacer por mí.

El yate no me importa un comino pero valoro mi crecimiento personal y estoy feliz de invertir en él, junto con un buen vino ocasionalmente.

Youssou N’Dour

c. 2015 Youssou N’Dour

(Youssou N’Dour es vocalista, compositor y político de Senegal.)

Yo tuve la fortuna de tener una voz que le agrada a la gente. Poder florecer y encontrar a mis seguidores, cuando hay tanta gente que no puede perseguir sus sueños, ha sido una bendición divina. Ese don puede desarrollarse más aún, pero no puede pagarse ni comprarse. ¿Acaso no es eso una prueba de que las mejores cosas en la vida son gratis?

Una de las mejores cosas en mi vida es cuando veo la expresión de felicidad emocionada en la cara de un miembro del público en uno de mis conciertos. Aunque no sepa su nombre, vivimos una auténtica comunión. O la sonrisa de mi hijo de tres años cuando me ve; él siempre corre hacia mí y salta y me abraza con mucha ternura. O cuando me saluda un extraño en la calle, lo que nos da a los dos una sensación de felicidad por el resto del día.

Si amar es un don del ser, esa mirada emocionada, esa sonrisa sincera, ese saludo demuestran que las mejores cosas de la vida son gratis. Si alguna vez lo duda, contenga el aliento tanto tiempo como pueda, después inhale y exhale el oxígeno que la Madre Naturaleza nos regala por su cuenta. Las mejores cosas de la vida están al alcance de quienes se toman el tiempo de observarlas y disfrutarlas.

Andreja Pejic

c. 2015 Andrea Pejic

(Andreja Pejic es modelo australiana, la primera mujer abiertamente transgénero que es nombrada rostro de una importante marca de maquillaje.)

Coco Chanel tenía razón: las mejores cosas de la vida son gratis pues la interacción humana es la base de la felicidad; la sensación de que, en unión con otros seres humanos, tomamos parte en acciones que benefician al mundo y la humanidad de una u otra forma.

En nuestra sociedad, las relaciones sociales entre los seres humanos están sometidas a las relaciones económicas entre bienes y servicios. Esto hace que la gente se enajene de lo que produce y también de la demás gente. La naturaleza ideológica asignada a las mercancías sugiere que mientras más adquirimos, más felices seremos. Pero cualquier que haya experimentado la limitada y efímera gratificación de adquirir un artículo codiciado sabrá que esto simplemente no es así. De hecho, mientras más cosas tenemos, menos podemos sentir esa satisfacción instantánea.

Solo cuando se cumplen las mejores cosas de la vida podemos dedicarnos a las segundas mejores: los productos, el conocimiento y las experiencias que ofrecen facilidad, belleza, creatividad e ilustración. Tristemente, esas cosas son muy caras y solo las disfruta una minoría, que generalmente espera que esas segundas mejores cosas compensen la falta de las primeras.