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Más me zapateas más te quiero, Huancayo celebra el Día del Huaylarsh

La danza dedicada al amor, al sacrificio y al gozo en su máxima expresión
Más me zapateas más te quiero, Huancayo celebra el Día del Huaylarsh

Más me zapateas más te quiero, Huancayo celebra el Día del Huaylarsh

01 de Marzo del 2017 - 10:01 » Textos: Daniel Mitma » Fotos: Jarmila Medina

Esta historia inicia con un grito de amor: «Chajujuy» y significa que la conquista ha iniciado. Veinticuatro varones tendrán que seducir a puro zapateo y gritos a sus amadas. Al final el amor triunfará como en los cuentos de hadas. Esta es la danza del huaylarsh, un espectáculo donde enamorar necesita de un físico de atleta para ser correspondido. En la institución Cruz de Mayo este amor tiene sus barreras. Durante los ensayos los varones solo pueden acercarse a las mujeres mientras se baila. Su deber, antes y después de ello, es zapatear más fuerte, gritar como pidiendo auxilio y moverse con una sincronía de ballet. Si este año ganan en Pucará el romance y la victoria serán correspondidos.

ENSAYO. Hoy es miércoles de ensayo. Nueve de la noche. Faltan tres días para el concurso. Varones y mujeres se reúnen en los extremos de un local frío como una nevera. En un rato los jefes de ambos grupos ordenarán que inicie el ensayo y las veinticuatro parejas se lanzarán a la pista de baile a moverse y zapatear hasta la fatiga; como el atleta en los últimos cien metros de la carreta. En Cruz de Mayo esto es una consigna: la entrega sin reparo cuando empieza la música. Brazos arriba, los varones; mujeres sujetando la pollera.

Si el huaylarsh tiene una peculiaridad es el zapateo. Golpear el piso con fuerza y ritmo hasta que surja un sonido como de cachetada. Los pies se levantan, frotan el suelo, van de un lado a otro. El zapateo es un piropo ancestral. Acaban los diez minutos y las parejas están exhaustas. El sudor baja por sus rostros, su respiración está a mil por hora y caminan de aquí para allá esperando empezar el segundo repaso de la noche.

-Ensayamos desde diciembre y desde allí se viene agarrando físico. Normalmente yo no me preparo físicamente –me cuenta Henry Barrera, contador y líder de Cruz de Mayo.

El ensayo de la institución que este año cumple dos décadas de existencia termina a las diez de la noche. Varones y mujeres hacen un círculo antes de retirarse. Cada uno tiene un director artístico que es como el DT de un equipo de fútbol. El que grita, el que felicita, el que arma, el que decide. Félix Duran es el director de los varones y habla del sueño de este año. Ganar el concurso de Pucará, un distrito de este valle. Cruz de Mayo ha ganado todos los concursos pero Pucará es su sueño y pesadilla. Angelita es la jefa de las damas y su mirada basta para hacerte zapatear como se debe. Ella conoció al amor de su vida bailando y ahora cuida que las chicas no sigan sus pasos. Luego de cinco minutos de indicaciones todos marchan a casa. Mañana será otra noche.

HISTORIA. El huaylarsh inicia en el mes de febrero con la llegada de los carnavales y el escritor José Oregón Morales tiene mucho que decir sobre ello. Primero que no hay un estudio riguroso sobre esta danza y todo lo que se dice de ella viene de la tradición oral. Huaylarsh no tiene una traducción literal y provendría más bien de un sonido onomatopéyico. El primer registro de este nombre se halla en el libro de Francisco de Ávila, «Dioses y Hombres de Huarochirí». Para Oregón, el Huaylarsh se refiere al recultivo de la papa, el «jutucha». En Huancayo hay dos estilos: el antiguo y el moderno. El primero recrea el rito desde el pago que se hace a la tierra y recultivo en sí, mientras que el moderno habla de la fiesta y el cortejo entre parejas, el atrevimiento de golpearlas con Ortiga, lanzarles con ampulo o incluso golpearlas en las nalgas. La danza es pasión y amor serrano. Al inicio, la música era creada y cantada por la mujer. Ella sola podía lanzarse un repertorio completo. Ahora son orquestas de saxofones, clarinetes y un arpa las que le dan el ritmo a esta celebración del placer amoroso. ¿Y cómo surge el amor en la danza? El libro de Francisco de Ávila refiere que luego de casados, si varón y mujer bailan huaylarsh nadie les quita sus tierras. Incluso en una investigación de José Carlos Vilcapoma para la revista Crónika solo habla de “datos recogidos que dicen”. No hay fuente, no hay quien lo diga. La tradición es madre de la historia.

INVERSIÓN. El último día de ensayo, antes del primer concurso de la temporada, Félix Durán padre, fundador de Cruz de Mayo me dice que gasta más de 20 mil soles durante los días de fiesta de carnavales y jamás en su vida ha zapateado.

-Yo nunca he bailado -confiesa, como un acto de contrición. Félix ha llegado tarde al ensayo. Se quedó dormido luego del viaje que hizo desde Lima. Mientras me cuenta que aun si ganara todos los concursos del Valle no recuperaría la inversión que hace, mira atento el ensayo. Observa que una chica está bailando con desgano. «Ya pues mamita», le grita. El domingo, bajo una lluvia que le moja hasta las medias estará nervioso y emocionado viendo como Cruz de Mayo clasifica a la final. Durán no zapatea pero goza y se preocupa. Sabe que una buena orquesta es indispensable, igual un vehículo que los movilice y la comida para los días de concurso. «Yo lo pago y lo disfruto mucho», añade antes de ir a dar indicaciones a los muchachos que se van a casa.

CONCURSO. Llega el Día D y cae una lluvia intensa. Medio centenar de grupos de huaylarsh participarán en tres distritos diferentes: Viques, Chongos Bajo y Quilcas. Cruz de Mayo está ensayando en medio de la carretera, afuera del estadio donde se desarrolla el concurso, en Viques. «Su vestuario es de estreno», me dice el coordinador del grupo, Julio César. El color rojo es predominante en la indumentaria. Los varones llevan sombrero, pantalón negro polystel, una faja de colores cocida a mano y un chaleco amarillo con bordados brillosos. El vestuario de la mujer es más complicado: cotón, faldilla, pollera, mantilla, faja y detalles que solo se pueden observar en conjunto, cuando están sobre el escenario zapateando con la lluvia cayendo con impertinencia. Esos detalles son los que enamoran al varón al «huambla».

-A mi me gusta que el que me enamore sea detallista y de correa ancha -me cuenta Jhoselyn Gómez (20), estudiante de ingeniería ambiental y cantante folclórica. Al costado su amiga Nohelí Humán (22) quien parece que su vida fuera un sonrisa eterna comparte la opinión y agrega:

Así como nosotras, porque nosotras somos de correa ancha. El día del concurso Jhoselyn lleva el estandarte del grupo y Nohelí la sonrisa. Este será el primer día, queda una semana entera de concursos, de lluvia, de gritos. Queda Pucará .