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Ídolo de barro

​Alucinantes las declaraciones del eterno presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien desde isla Margarita, durante una reunión del Movimiento de Países No Alineados -sí, aunque no lo crea eso todavía existe-, ha salido en defensa de sus amigos Lula da Silva, Dilma Rousseff y Cristina Fernández al afirmar que son víctimas de persecución política de “la derecha”, que según dice ya no recurre a “cuartelazos” sino a “golpes judiciales” para socavar a grupos “progresistas”.

19 de Septiembre del 2016 - 06:23 Iván Slocovich

Alucinantes las declaraciones del eterno presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien desde isla Margarita, durante una reunión del Movimiento de Países No Alineados -sí, aunque no lo crea eso todavía existe-, ha salido en defensa de sus amigos Lula da Silva, Dilma Rousseff y Cristina Fernández al afirmar que son víctimas de persecución política de “la derecha”, que según dice ya no recurre a “cuartelazos” sino a “golpes judiciales” para socavar a grupos “progresistas”.

Quizá el mandatario del país del norte, uno de los más nefastos en lo que a respeto a la libertad de prensa se refiere, no quiera entender que su amigo Lula está metido en un lío muy gordo no por culpa de alguno de sus enemigos sino por las evidentes muestras de enriquecimiento ilícito que van saliendo a la luz, al extremo de que la Fiscalía del Brasil lo ha calificado de “el comandante máximo” de la corrupción en el caso de la petrolera estatal Petrobras.

Lula da Silva, el mítico exobrero metalúrgico que perdió el dedo en un torno mientras trabajaba de madrugada, llegó al poder agitando, como lo suelen hacer los “progres”, las banderas de la lucha contra la pobreza, la igualdad y la honestidad. Bueno pues, luego de dos gobiernos y de haber dejado a su ahijada política en la Presidencia, la destituida Dilma Rousseff, ahora está muy cerca de acabar preso y convertirse, si no lo es ya, en uno de esos ídolos de barro que colman nuestra política regional.

El presidente Correa debería tener muy claro que la corrupción no tiene bandera ni color político. Hay ladrones de derecha y también de izquierda, aunque no lo quiera aceptar el mandatario norteño, para poner a sus amigos “progresistas” como víctimas de persecuciones, cuando en realidad estamos ante evidentes indicios de que Lula y Cristina Fernández (el caso de Dilma no es por enriquecimiento) llenaron sus bolsillos desde los cargos a los que llegaron supuestamente para combatir la pobreza.

Es lamentable que Correa, el presidente de un país, pueda ser tan ciego debido a sus creencias y salga públicamente en defensa de gente que tiene a la justicia encima por dinero mal habido. Los ecuatorianos deberían tener muy en cuenta este tipo de defensas que hace su mandatario por si, como es su costumbre, decide tentar una nueva reelección, esas que tanto les gustan a sus “compañeros de ruta”, como Evo Morales, Daniel Ortega y antes Hugo Chávez.

Iván Slocovich

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