Ha sido positivo ver al presidente Ollanta Humala asumiendo una postura muy firme frente al espionaje efectuado por Chile a través de personal subalterno de la Marina de Guerra del Perú, pues no se podría permitir que el vecino país del sur, una vez más, señale oficialmente que se “investigó”, que por su lado no se encontró nada y que todo es un invento peruano, tal como sucedió en 2009 ante el caso protagonizado por el traidor Víctor Ariza, hoy en prisión.

Hace seis años quizá lo más pertinente haya sido hacerse de la vista gorda y dejar la cosa ahí. Habíamos iniciado la demanda contra Chile ante la Corte Internacional de La Haya y según diversas fuentes, lo mejor era “tragarnos el sapo” antes de levantar polvo con más reclamos justificados, pues lo que se buscaba era llegar sin mayor sobresalto al momento del fallo que finalmente, en líneas generales, fue positivo para el Perú. Pero hoy las cosas son muy diferentes.

Es por eso que no queda otra para el Perú que exigir las explicaciones del caso, pues con este tipo de actitudes de Chile, que como bien ha dicho el vicealmirante Luis Giampietri, parece que aún no se repone de la humillación a la que fue sometida su flota durante varios meses por el almirante Miguel Grau y su pequeño monitor; y más tarde, en Arica, por el inmenso comandante Manuel Villavicencio y la corbeta Unión, puede echarse por la borda el trabajo de muchos años.

Perú y Chile optaron por dejar atrás las secuelas de la guerra y dando un ejemplo al mundo, se comprometieron a aceptar el fallo de La Haya y a caminar por el lado del derecho, la confianza y la convivencia civilizada entre dos países del siglo XXI.

En ese sentido, mal haría el vecino del sur en insistir en el “negacionismo” de hace seis años, pues significaría, aparte de una total falta de respeto, que no hemos avanzado nada, que seguimos en el siglo antepasado y que todo se quedó en la retórica.

Nuestro país tiene las pruebas de que hubo espionaje, tal como lo ha dicho ayer el presidente Humala, ante lo cual se debe de apoyar la firmeza mostrada por el Gobierno y exigir por los canales diplomáticos las explicaciones y las disculpas del caso por este acto tan bajo de Chile, que ojalá haya sido cometido por iniciativa de uno que otro oficial de su Armada, a quien habría que sancionar, y no por disposición del comando de la institución con conocimiento de La Moneda.