Gustavo Adrianzén: “No creo que se destituya a la procuradora Príncipe”
Gustavo Adrianzén: “No creo que se destituya a la procuradora Príncipe”

El ministro de Justicia, , busca responder a las críticas en contra de su sector por la “mordaza” ejercida contra la procuradora para casos de Lavado de Activos, Julia Príncipe, a quien se le abrió un proceso disciplinario por hablar de la situación judicial de la primera dama Nadine Heredia.

¿Por qué seguir con la investigación disciplinaria contra la doctora Julia Príncipe? 

Creo que hubo una ligereza de algunos medios. No solamente la señora Príncipe está siendo investigada, y ni siquiera sancionada, porque ahí se tiene que hacer una precisión. Se ha iniciado un proceso de investigación y se le ha cursado a ella una comunicación a efectos de que presente sus descargos.

¿Y luego qué pasará? 

El tribunal de disciplina, a partir de sus descargos, verá si corresponde o no implementar algún tipo de sanción.

¿Pero qué es lo regular? 

Puede ser una simple amonestación en la que se le diga: “Oiga, señora, fíjese usted, aquí está este artículo y aquí está este otro y tiene que tenerlos en cuenta”. Pero de allí a pensar en sanciones y cosas gravísimas, la verdad es que hay un abismo.

¿Pero por qué a la señora Príncipe sí y a otros no? 

Ella está siendo procesada junto a otros procuradores que aparentemente no han tenido en cuenta esto (las normas). Y hay otros procesos iniciados mucho antes de que yo llegue a ser ministro.

¿El procurador Joel Segura está siendo procesado disciplinariamente por un caso similar al de Príncipe? 

Estoy casi seguro de que entre los que están en esta situación está Segura. Eso tengo que corroborarlo. Puedo verificarlo.

Por ejemplo, el señor Segura ha hecho declaraciones en el caso de Milagros Leiva, incluso señalando hasta 10 años de prisión... 

¿Pero en esas declaraciones qué ha manifestado? ¿Se ha leído la declaración, la transcripción? Se formula una hipótesis: ¿qué pasaría si la señora estuviera involucrada en el delito de lavado de activos? ¿Cuál sería la pena? Y él dice lo que dice el código: (delito) genérico, tanto, y agravado, tanto.

Pero vamos al hecho. Para el caso de la señora Leiva, el doctor es muy presto, pero para hablar del caso Antauro, de la señora Nadine Heredia, siempre calla. Hay una diferencia, ¿no cree?

Tenemos hasta dos casos que yo pedí que los veamos en los que él (Segura) se pronuncia sobre la Primera Dama. En los mismos espacios que ustedes exigen, de libertad y autonomía, y que cada procurador diga lo que le da la gana. Jamás se le ha dicho a un procurador “declara sobre este tema y sobre este no”.

¿Políticamente hay límites? 

Pedimos que sigan las normas. ¿Qué no puede hacer un procurador? Eso que significa adelantar tu estrategia de defensa no lo puedes decir, porque si no, le estás dando armas a tus opositores. No salimos a la prensa a dar declaraciones de carácter político.

Doctor, justamente se le pide a la doctora Príncipe que rinda descargos cuando trata el caso de la señora Nadine... 

Yo he sido acusado de haber amordazado a la señora Príncipe. Mi pecado fue haberle mandado un comunicado. ¡Ah!, pero días antes yo envié a todos los procuradores un comunicado recordándoles las normas y a pesar de eso declaró. Entonces le pedí a mi colega, la doctora Príncipe, “dígame si usted contaba con la autorización del titular de su sector”. ¿Alguna vez le dirigí otra comunicación? Nunca. ¿Alguna vez me reuní con ella en mi despacho? Nunca.

Usted ha dicho que acudirá al Congreso si se le llama para que explique esta mordaza a la doctora Príncipe... 

Si el Congreso me convoca, yo iré atentamente, presentaré mis documentos. Eso me corresponde hacer. Esto merece explicaciones y yo estoy dispuesto a darlas.

Usted ha sido procurador. ¿Una declaración como la que hizo Segura en un caso y Príncipe en otro amerita la destitución? 

No creo que eso genere una destitución. No creo que exista un precedente dentro del tribunal disciplinario que haya conducido a eso. Claro, hay declaraciones y declaraciones. Puede ser un desliz; otro sería el caso si hubiera declaraciones fuertes como insultar a un juez o decir vulgaridades.

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