Han transcurrido 43 años desde aquella funesta tarde del 31 de enero de 1983, cuando un maretazo hizo salir a los cientos de pobladores que habitaban la playa Chulliyache en Sechura, dejando una soledad frente al mar, la cual fue fuente de su producción pesquera.
Fue un pueblo pujante de personas con las manos curtidas de filetear pescado o de amarrar las redes para hacerse a la mar, pero con sentimiento nobles, querendones y muy pacíficos, que quedaron en el recuerdo luego de migrar y dejarlo todo.
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PUEBLO FANTASMA
Las casas y casuchas donde habitaban fueron sepultados con la arena, solo alguna parte de la plaza de armas y la capilla donde se reunían los días domingos las familias, quedaron ahí como mudos testigos que existió una ciudad que sucumbió ante la tragedia de un maretazo.
La infraestructura de las casas se resisten a desaparecer al igual que los recuerdos de todos los pobladores que vivieron esta tragedia y cuyas ruinas existentes pueden ser visitadas por turistas y visitantes a Sechura.
Actualmente existe aún como evidencia de la tragedia un muro donde está la imagen del Señor de los Milagros casi intacto, que resistió a las enfurecidas y enormes olas que arrasaban al pueblo y donde los pobladores poco pudieron rescatar de sus pertenencias.
Según cuentan algunos moradores, quedó también unas bóvedas de la iglesia, pero con el tiempo y las manos de personas han ido desmantelando lo poco que quedaba de aquel santuario.
Una lancha semienterrada es el mudo testigo de la faena de los pobladores, y desde lo alto se puede apreciar un conjunto habitacional carentes de techos con algunas paredes con inscripciones poéticas dejadas por sus antiguos habitantes que son recordados con nostalgia por los pobladores del Nuevo Chulliyache, pueblo ubicado a unos kilómetros de ahí.
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HISTORIA
El escritor regionalista César Arrunategui señala que allá por el año 1728, la zona de Chuchal era habitada por pescadores que, al ser asaltados por piratas, abandonaron ese pueblo y se separaron.
“Unos fueron a la margen izquierda del río Piura y otro grupo se instala un kilómetro más al norte y funda Chulliyachi. Pero en el año 1983, la fuerza de la naturaleza arrasó con este poblado sepultando la mitad de las casas, donde aún se pueden observar los restos de una ciudad abandonada en medio de la playa como mudo testigo”, dijo el escritor.
Cerca a esta playa existe la “ciudad fantasma”, un escenario lleno de historia, naturaleza y mística, donde sus aguas cálidas, olor a brisa marina, espectaculares puestas del sol y el vaivén de las olas, siguen intactos, muchos dicen que bajo las aguas existen varias casas arrasadas por la ola, señala.
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LA PLAYA
Un lugar maravilloso para veranear y vivir un éxtasis con el mar, es la playa Chulliyachi, ubicada a una hora y media de Piura, al lado sur de los Manglares de San Pedro, exactamente a 6 km al oeste de Sechura.
Tiene una longitud muy amplia, muy limpia, sus aguas son mansas y tibias, apropiadas para liberar todo el estrés que uno tiene acumulado. Su clima es cálido y caluroso y es visitado durante el año p de los turistas que llegan en relajo además para observar la diversidad de aves, como gaviotas y pelícanos que existen en el lugar.
Pero cerca existe otra maravilla de esta playa sechurana son los Manglares de Chulliyachi, con una extensión de un kilómetro, convertida en hábitat natural de miles de aves locales y de otras que utilizan este paraje y la flora para su descanso.
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Chuyillache guarda entre sus vestigios la historia de una tragedia que marcó para siempre a sus habitantes, tras un maretazo en 1983 que arrasó el poblado sechurano