Ni la intensa nevada que cayó en el día, ni el frío que entumece los pies de la abigarrada población que vive en los 5 mil m. s. n. m, impiden que vivan el jolgorio festivo. Desde las cuatro esquinas de la plaza ingresan a su turno los sectores de Phaco, Ruita Huanacuni, Tres estrellas, Angel de los Andes, Thalla, Incuyo, Canlline, Alto Huancane, Sallani y Sibina Sallma portando en sus danzas, zorros, huallatas, pariguanas , gallinazas, ajuyas, vizcachas, chinchillas capturadas en las faldas del nevado Ausangate y las orillas del gran lago Sibinacocha, para ofrendarlos a los gobernantes locales. El alcalde de Pitumarca, Benigno Vengoa Caro, entonces eleva al zorro como signo de triunfo sobre el depredador. A su vez Martin Puma, burgomaestre del Centro Poblado de Phinaya comenta que en años anteriores capturaron vivos a varios pumas que merodeaban la zona olfateando la tierna carne de los camélidos andinos. Esta vez los ejemplares fueron adornados con serpentina, mixtura y rociados con vino. Esta costumbre de la captura (chakuy) de especies nativas cuyo origen se pierde en el tiempo, tiene por objetivo reducir la cantidad de animales dañinos en las comunidades altas de Pitumarca , evitar enfermedades que podrían contagiar al ganado. Como fin de fiesta los lugareños dedicados a la crianza de camélidos andinos, liderados por el alcalde distrital, acostumbran dirigirse en veneración hacia su Apu tutelar, el Sacsahuáman, para agradecerle por su bondad. Al frígido panorama que presentaba, repentinamente el cielo pitumarqueño, abre su cortina de nubes y el resplandeciente sol se asoma para recibir la gratitud de sus protegidos, justo cuando un sacerdote andino oficiaba el pago a la Pachamama, los carnavaleros se regocijan y entonan melodías nativas vaticinando un buen año para la producción, confundiéndose en alegría popular. Sin embargo, la alegría parece desvanecerse del curtido rostro de sus habitantes al saber que la perpetua nevada de las cordilleras cusqueñas están desapareciendo por el calentamiento global y por carecer de electricidad, aún siendo propietarios naturales del Sibinacocha, con cuyas aguas energiza la hidroeléctrica de Machupicchu para la región Cusco.