Después de nueve años de ausencia, Ed Sheeran volvió a Lima el último 20 de mayo y convirtió el Estadio Nacional en una gigantesca fogata emocional. No necesitó grandes coreografías, ni un ejército de bailarines. Le bastó una guitarra y esa capacidad casi absurda de hacer que un estadio de miles de personas se sienta pequeño, íntimo y cercano.
Desde temprano, los alrededores del Nacional tenían otro aire. No era el típico concierto de euforia descontrolada. Había emoción, sí, pero también ansiedad contenida. Muchos llegaron horas antes solo para verlo aparecer nuevamente en Perú después de casi una década.
Entre el público había parejas abrazadas repasando canciones, grupos de amigas maquillándose en las colas y hasta padres acompañando a hijos que crecieron escuchando “Photograph” o “Perfect” en el cuarto, en el carro o en alguna ruptura amorosa adolescente. Ed Sheeran no solo volvió a Lima: volvió a distintas etapas de la vida de miles de personas.
La noche arrancó con Christian Meier como telonero, una elección que inicialmente sorprendió, pero que terminó encajando. El actor y cantante peruano apareció tranquilo y visiblemente emocionado. Apenas saludó, el público respondió con aplausos cálidos, casi familiares.
Mientras avanzaba su presentación, el estadio comenzaba a llenarse por completo. Las tribunas se pintaban de luces de celulares, la cancha se comprimía entre saltos y selfies, y el murmullo colectivo crecía cada vez que técnicos aparecían sobre el escenario principal.
Hasta que llegó el momento. Ed Sheeran apareció caminando sin apuro, sonriendo tímidamente, vestido con la sencillez que siempre lo ha caracterizado. No hubo entradas teatrales ni poses de estrella inalcanzable. Solo él y una ovación monumental que pareció sacudir el estadio entero.
Desde la primera canción, el británico dejó claro por qué sigue siendo uno de los artistas más importantes del mundo. Tiene algo que pocos consiguen: hacer sentir genuino incluso el espectáculo más masivo.
La conexión fue inmediata. Con “Castle on the Hill”, el estadio entero cantó como si se tratara de un himno. Con “Shivers”, la cancha explotó en saltos y baile. Pero el verdadero golpe emocional llegó con “Photograph”. Ahí cambiaron los gritos por las voces quebradas. Decenas de parejas se abrazaron. Algunos levantaron fotos en sus celulares. Otros simplemente cerraron los ojos y cantaron.
Ed Sheeran tiene esa extraña habilidad de convertir canciones gigantes en confesiones personales.
Cada tema parecía tocar una fibra distinta. “Thinking Out Loud” convirtió el Nacional en un karaoke romántico multitudinario. “Perfect” hizo aparecer un mar de luces blancas que iluminó completamente el estadio. Y cuando sonaron los primeros acordes de “Shape of You”, probablemente el tema más esperado de la noche, la energía cambió por completo: las tribunas saltaron, la cancha se transformó en una fiesta y el piso parecía temblar bajo los pies.
Pero más allá del repertorio, hubo algo que hizo especial este concierto: la actitud de Sheeran. Se mostró cercano toda la noche. Agradeció el cariño peruano y sonrió constantemente, como si él también estuviera sorprendido por la intensidad con la que Lima lo recibió otra vez.
El público también jugó su propio papel. Nadie quería perderse un segundo. Había personas grabando entre lágrimas, amigos cantándose las canciones al oído y fans que coreaban absolutamente todo. Cada pausa era aprovechada para gritarle cuánto lo habían esperado.
Y es que nueve años son mucho tiempo. Demasiado tiempo para un artista que, aunque nunca desapareció de las playlists, seguía siendo una deuda pendiente para miles de fanáticos peruanos.
El cierre fue tan emotivo como explosivo. El estadio cantaba tan fuerte que, por momentos, la voz de Ed Sheeran quedaba sepultada bajo el coro colectivo. Él solo sonreía, miraba alrededor y agradecía con una expresión que parecía mezcla de sorpresa y gratitud.
Cuando las luces finalmente se encendieron, nadie quería irse. La gente se quedó varios minutos más tomando fotos, abrazándose, comentando sus momentos favoritos o simplemente tratando de procesar lo que acababan de vivir.
Porque no fue solo un concierto. Fue el regreso de un artista que Lima había esperado durante casi una década y que, en poco más de dos horas, logró convertir el Estadio Nacional en un lugar donde miles de desconocidos cantaron, lloraron y recordaron juntos.
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Ed Sheeran volvió a Lima con un concierto que convirtió recuerdos en himnos (CRÓNICA)
Después de nueve años de ausencia, Ed Sheeran regresó a Lima y transformó el Estadio Nacional en una noche de emociones compartidas, donde miles de fanáticos cantaron, lloraron y revivieron historias al ritmo de canciones que marcaron distintas etapas de sus vidas.