Cómo estará de desbocada y atrevida la criminalidad en el país, que ahora los delincuentes entran a plena luz del día a una tienda de armas de Santiago de Surco, que saben que está llena de cámaras de seguridad al igual que todas las avenidas y calles adyacentes, sin darse el trabajo de cubrirse los rostros mientras que en costalillos que suben en varias motos y al menos un auto, se llevan decenas de pistolas y escopetas que habría que ver en qué actos criminales serán usadas.
Lo vimos el jueves último en la zona conocida como El Trigal, en el cruce de las transitadas avenidas Benavides y Velasco Astete, tal como hace unas semanas también fuimos testigos de un atraco en plena Costa Verde, en San Miguel, donde una banda de hampones, fusiles en mano, se llevó lingotes de oro de origen dudoso que iban de Miraflores al Callao. Todo quedó grabado en video como la mayoría de hechos que suceden en Lima, pues la ciudad está llena de cámaras y de ciudadanos con un celular a la mano.
En 20 años de ola criminal en ascenso, está claro que todas las “estrategias” desde el Estado a cargo de diferentes gobiernos, no han tenido los resultados esperados. Los asesinatos, los robos, las extorsiones, los asaltos y hasta los secuestros, no han logrado ser controlados ni por asomo. El sistema de justicia sigue igual, siendo parte del problema; y ni qué decir de las cárceles hacinadas en que campea la corrupción, que es de donde se ordenan muchos delitos que ocurren en las calles.
Quien asuma el mando del país el 28 de julio próximo caerá en el mismo error de siempre si todo se centra en ordenar estados de emergencia, sacar militares, poner más policías en las calles o comprar patrulleros sin una estrategia de por medio, cambiar de ministros del Interior cada tres semanas, y si no lleva a cabo una limpieza profunda para erradicar a malos policías sin posibilidad de ser reincorporados gracias al Poder Judicial que se presta al juego de corruptos y sinvergüenzas.
De otro lado, el nuevo Congreso con sus dos cámaras tiene que dedicarse a reformar el sistema de justicia para que funcione al ritmo que requiere la ola de criminalidad. Jueces y fiscales no van a cambiar las cosas por sí solos, para ellos todo está bien. Si esto no ocurre, que no los llame la atención que en cinco o seis años seamos testigos de asesinatos, robos y balaceras en plenas calles, con las balas corriendo por encima de las cabezas de la gente. Tal como vamos, no lo vean como algo tan remoto.