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BALADA DEL HÉREO SOLITARIO, columna de Juan Carlos Gambirazio

Periodista y editor

Juan Carlos Gambirazio

Actualizado el 24/06/2026, 10:22 a.m.

Cristiano lleva más de 20 años intentando convencer a Portugal de jugar como Cristiano Ronaldo y Portugal lleva el mismo tiempo negándose.

El gol de ayer frente a Uzbekistán lo convirtió en el primer futbolista en marcar en seis Copas del Mundo, es un récord gigantesco. Pero el dato solo explica poco, la cifra no es suficiente para entender la relevancia de esta marca. Los récords suelen ordenar la historia; difícilmente la interpretan.

Mientras Messi terminó encontrando una Argentina que respira a su mismo ritmo y Mbappé hereda una Francia diseñada para potenciar su calidad, Portugal jamás terminó pareciéndose a su capitán. Ni en los años de mayor esplendor, ni ahora. Pasaron entrenadores, sistemas, generaciones y compañeros. Cambió el propio Cristiano. De extremo indescifrable pasó a depredador del área. Perdió velocidad, ganó oportunismo. Se reinventó todas las veces que hizo falta, pero nunca consiguió que su selección hablara exactamente su idioma. Y esa es la paradoja.

Quizá el futbolista más obsesionado con imponer su voluntad nunca logró imponer una identidad futbolística a su selección. Sin embargo, en cada Mundial vuelve a encontrar la manera de colarse en la conversación. Como si el tiempo negociara con él condiciones particulares. Cuando parece que ya no puede dominar los partidos, aparece dominando la estadística. Cuando deja de intimidar desde el desequilibrio, intimida desde la persistencia. Cristiano ya no necesita ser el mejor jugador del partido para convertirse en su protagonista. Eso es admirable, pero también tremendamente irónico porque su récord no certifica que Portugal haya dependido siempre de él. Consigna, más bien, que él aprendió a sobrevivir incluso cuando Portugal dejó de reposar en su grandeza.

Quizá esa sea la diferencia más sutil entre las grandes estrellas de esta era. Messi encontró un equipo que terminó pareciéndose a Messi. Cristiano encontró una forma de seguir haciendo historia sin que Portugal se pareciera nunca a Cristiano.

Hay héroes que transforman a su ejército. Y hay otros que libran la batalla completamente solos.

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BALADA DEL HÉREO SOLITARIO, columna de Juan Carlos Gambirazio

Periodista y editor

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