En los debates de la primera y segunda vuelta, la educación estuvo prácticamente ausente. Si bien los candidatos presidenciales hicieron algunas referencias al sector, estas se centraron en algunas condiciones básicas de calidad y en determinados programas educativos. Considero positivo que hayan destacado la importancia del magisterio. La candidata Keiko Fujimori expresó su valoración del Sutep y de la Derrama Magisterial.
Sin embargo, más allá de estas referencias, quedó pendiente una cuestión fundamental: precisar “qué tipo de educación impulsarían desde el gobierno y cuál sería la visión que orientaría las transformaciones para lograr un sistema educativo de calidad”. Hace ya un buen tiempo, traté en esta columna, los fines educativos que deben tenerse en cuenta en el próximo gobierno.
Por ello, me permito reiterar los propósitos educativos (PEN al 2036) :i) Formar personas con salud física, mental y social para desarrollar nuestra identidad para aspirar a reconocer la importancia de la salud anatómica-fisiológica del cuerpo, así como a todo lo referido al bienestar socioemocional; ii) Formar buenos ciudadanos inclusivos en y para la diversidad con mentalidad intercultural –que no solo asuman conductas cívicas que tienen que ver con la relación de las personas con el Estado-Nación– sino también conductas humanas como: democracia, derechos humanos, cuidado del ambiente, integridad y seguridad de las personas, seguridad vial, solvencia ética (valores), prevención e intervención ante riesgos, salud pública, etc. y iii) Formar personas productivas con talento humano proactivo y creativo para la producción de bienes y servicios, en el marco de un proyecto personal de vida con felicidad. Desde luego en un país con desarrollo humano y económico sostenible.