Que la política peruana y la oferta electoral han venido de mal en peor en los últimos años, es un hecho innegable. Sin embargo, el tener a un candidato como el comunista Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) haciendo campaña para llegar a Palacio de Gobierno al lado de un criminal como Antauro Humala, que ha pasado 17 años preso por matar a cuatro policías en la toma de la comisaría de Andahuaylas en enero de 2005, ya es un signo de degradación y hasta de descomposición.
La lógica indicaría que quien sale a pedir el voto de los ciudadanos para ser su gobernante en medio de una constante crisis, debería mostrar sus mejores credenciales políticas, profesionales y morales, así como el equipo de trabajo más idoneo. Todos los trapos sucios o los impresentables, tendrían que ser escondidos o alejados. En cambio, en el caso de Sánchez, no tiene problemas en mostrarse junto a un sujeto que está entre lo peor que ha podido salir de este país.
No solo es un asesino que no se arrepiente del “Andahuaylazo” y propone una “política” de fusilamientos para corruptos, sino que además es un disparate viviente que habla de cambiar la Constitución, imponer una religión “tawantinsuyana”, que sueña con ir a detener al rey de España Felipe VI, que da vivas al dictador Juan Velasco y a Pedro Castillo, que debe una millonaria reparación civil y, lo más grave, reivindica a los terroristas de Sendero Luminoso, varios de ellos escondidos en Juntos por el Perú.
Mucho antes del inicio de la campaña electoral, desde los tiempos en que Humala y su “partido” fueron retirados de cualquier posibilidad de participar en los comicios por ser un mamarracho que promovía asesinatos y violaciones a la legalidad y al sistema democrático, Sánchez se mostró muy interesado en acoger a este sujeto, que ahora no duda en afirmar que aspira a tener un cargo público en caso Juntos por el Perú gane la segunda vuelta. Son tal para cual.
Es muy probable que en una eventual segunda vuelta. Sánchez trate de esconder al asesino de policías o al menos ponerlo en segunda fila, a fin de intentar ganar los votos de los incautos, haciéndose el “moderado”. Ya lo hizo al afirmar que se tomará un café con Julio Velarde, presidente del Banco Central de Reserva (BCR), al que antes dijo que sacaría del cargo el primer día de su gestión. Cuidado con este lobo que quizá se presente con piel de cordero. Es lo que suelen hacer los farsantes que buscan el poder. Atentos.