El país cuenta las horas para conocer quién será el próximo presidente, pero más importante que el nombre es lo que ocurrirá al día siguiente. Hemos vivido meses de confrontación y cuestionamientos, desconfianza y una profunda polarización. Formalmente, la elección sigue su curso y uno de los candidatos será el ganador. Pero el próximo gobierno enfrentará el desafío de reconstruir la legitimidad social debilitada. La legalidad viene de la validación del JNE. La legitimidad política y social lesionada debe reconstruirse gobernando y debe comenzar inmediatamente. El primer anuncio del presidente electo debería ser la conformación de un gobierno de unidad nacional. Sin renunciar a lo partidario lograr un equipo para el gabinete integrado por los mejores profesionales, técnicos y políticos, independientemente de su filiación y militancia. Es el momento de la apertura y la generosidad con el país, se lo debemos por el momento que enfrenta. Las amenazas exceden cualquier diferencia ideológica. La criminalidad organizada, la extorsión, la minería ilegal, la tala ilegal, la corrupción y el debilitamiento institucional son desafíos nacionales que exigen respuestas nacionales. Y que nadie podría enfrentar solo. La ciudadanía rechaza todo triunfalismo ajuste de cuentas que no tiene lugar en este momento. Espera responsabilidad, serenidad y capacidad para unir. La mejor forma de comenzar a cerrar la brecha entre legalidad y legitimidad es convocar a todos los sectores democráticos a una tarea común de recuperación del país. La historia no recordará solo quién ganó esta elección. Recordará, quién fue capaz de unir a los peruanos después de ella.
LA AGENDA DEL DÍA SIGUIENTE, columna de María del Pilar Tello
Columna de opinión.