La ONU reconoce 193 países en el mundo, 5 de los cuales son marxistas-leninistas o comunistas. Perú Libre, el partido político de Vladimir Cerrón, ex gobernador regional de Junín procesado y sentenciado por corrupción, del cual es militante el presidente Pedro Castillo, es marxista-leninista, comunista, y privilegia al Estado “controlador”, condenando la propiedad privada y el esfuerzo individual (realidad fallida hacia la que intentan llevar al Perú). Cuba, país comunista de “inspiración” de Vladimir Cerrón, según un informe publicado por la escritora y periodista cubana Marlene Azos, manipula públicamente los índices oficiales de pobreza de su país. Según estimaciones indirectas de algunos economistas cubanos (porque no hay cifras oficiales) se ha establecido en 51% el rango de pobreza en el país. La infraestructura hospitalaria está deteriorada, existe escases de insumos médicos y ausencia de medicamentos esenciales. Solo el 13% de la población recibe agua las 24 horas en precarias viviendas. El salario mínimo en Cuba es de 16 dólares mensuales y según estimaciones, el 35,6% de la población en edad laboral está desocupada. Los comercios están desabastecidos y la producción agropecuaria, deprimida.
La realidad fáctica del mundo es sencilla: no existe país comunista al que otros ciudadanos del mundo quieran ir; existe exactamente lo contrario: ciudadanos de pueblos comunistas, tratando de huir y lograr su libertad. La verdadera libertad del ser humano radica en disponer de sus derechos individuales: libertad de pensar, hacer, innovar, poseer y crear. El marxismo-leninismo que promueve el partido Perú Libre, es la antesala al comunismo, en la que los emprendedores más esforzados no verán el fruto de su talento y esfuerzo, sino, que estos serán licuados y repartidos entre aquellos que no lo tienen, no se esforzaron en tenerlo o no lo ejercen.
Los países más ricos y prósperos del mundo son aquellos en los que están garantizadas las libertades de sus ciudadanos y los gobiernos se convierten en “facilitadores” de la vida de los demás, administrando tributos para otorgar bienestar y desarrollo solidario. Mientras que el capitalismo reparte riqueza, el socialismo iguala en pobreza. Es imposible multiplicar la riqueza tratando de dividirla. “…cuando la mitad de las personas lleguen a la conclusión de que no tienen que trabajar, porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta otra mitad se convenza de que no vale la pena trabajar, porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo... será el fin de cualquier Nación” sentenciaba el pastor norteamericano Adrián Rogers con total realismo. Reaccionemos. Los peruanos no abrazamos el comunismo, abrazamos la democracia y la libertad.