El 2000 cuando asumimos el Viceministerio de Gestión Pedagógica me encontré con una “lluvia de currículos escolares”. Lo que hicimos es elaborar para el 2001 un currículo transicional tratando de integrar lo que había.
Fue el 2004 y 2005 que en se elaboró un currículo para la Educación Básica Regular (en período de reajuste) que entró en vigencia el 2006. Ya estaban mejor integradas las competencias con las capacidades y conceptos. Se introdujo el nivel “AD” para evaluar logros destacados. El 2008 - 2009 se terminó el proceso y surgió el Diseño Curricular Nacional. Las autoridades teníamos la expectativa de que duraría por lo menos un lustro. Pero ¡oh sorpresa!, la gestión del 2011 y algunos años más “al carpetazo lo dejaron lado”. No solo lo obviaron, sino que comenzaron un proceso de ensayos para “un Marco Curricular Nacional (MCN)”. Mientras tanto, imponían las famosas “”Rutas de aprendizaje”: La confusión en los colegios era evidente. Recién, después de idas y vueltas, en junio del 2016 se aprobó el vigente hasta hoy (CNEB). No es malo, pero es complejo lleno de competencias, capacidades, desempeños y enfoques transversales que hacen difícil su aplicación.
Lo acelerado de la dinámica de la pedagogía, los saberes y las tecnologías obligan a una reforma curricular pertinente y en menores plazos que en el pasado. Lo que parece inconveniente es que la anterior ministra y sus viceministros, faltando menos de un mes para dejar los cargos, habrían estado centrados en el cambio del currículo. El nuevo gobierno debe asumir no solo su reforma, sino hacerlo accesible para la enseñanza aprendizaje. Sería bueno contar con expertos e incluir en primaria y secundaria las áreas de Historia, Geografía, Economía y Desarrollo Personal Ciudadanía y Cívica.