¿No es un crimen que algunas autoridades no hayan ejecutado el dinero destinado a prevención frente al fenómeno El Niño? La respuesta puede ser múltiple, pero lo que no cambia es que miles de peruanos estarán indefensos si es que las lluvias llegan con gran intensidad.
Según el reporte de la Autoridad Nacional del Agua, algunas regiones solo utilizaron del 10 % al 40 % del presupuesto que le otorgó el Ejecutivo para que propongan y ejecuten obras preventivas urgentes ante El Niño terrible. Pero, en vez de ponerse alertas, se preocuparon en otros problemas.
Algunos tontos, que se creen vivos, comenzaron a hacer obras en pistas y veredas con miras a la campaña regional de octubre próximo. Sí, muestran vías bien maquilladas, ejecutan proyectos viales y se marketean en propagandas políticas. En el norte del país es una brutalidad pues cuando lleguen las lluvias todo se diluirá como rímel en el rostro.
Otros zamarros aprovecharon el dinero de las obras de prevención para pagos administrativos, como planillas, y destinaron los recursos a otros gastos superfluos. Y, claro, creen que hacer trabajos para reducir el impacto del fenómeno natural podría ser cosechado por las autoridades que ganen las elecciones.
El razonamiento básico de estos innombrables es trasladar el problema al Gobierno Central, que se haga cargo de ese hueso duro.
Una vez más, el problema no es El Niño sino el adulto irresponsable que no usó bien el dinero o lo dirigió a otros campos para satisfacer demandas inmediatas sin prever los desastres. Debería tipificarse como un delito cuando las autoridades son ineficientes y dejan indefensos a los ciudadanos.