• Peru Quiosco
  • Política
  • Perú
  • Mundo
  • Deportes
  • Economía
  • Espectáculos
  • Tendencia
  • Videos
Últimas noticias

EL ETERNO ARTE DE MENTIR, columna de María Isabel León

Educadora y empresaria

María León

Actualizado el 22/03/2026, 08:51 a.m.

La política contemporánea parece haber perfeccionado un arte antiguo: el de la negación sin rubor. No se trata solo de mentir —eso ha existido siempre— sino de llegar a tergiversar y/o negar una versión real de los hechos, incluso frente a la evidencia más contundente, con una serenidad y cara dura que roza lo insultante. El problema no es únicamente ético; es también cultural. Cuando la mentira se normaliza, la verdad pierde valor público.

Resulta escandaloso comprobar cómo muchos políticos niegan su propia vida, sus decisiones y hasta sus actos más documentados y públicos, como si la memoria colectiva fuese frágil o manipulable a voluntad. Y, en cierto sentido, pareciera que sí lo es. La sobreabundancia de información y el vértigo de la coyuntura de inestabilidad política permanente juegan a favor de los mentirosos. Hoy se niega, mañana se relativiza y pasado mañana se pide perdón, como si el arrepentimiento fuese un mecanismo automático de borrón y cuenta nueva. Pero el perdón sin “verdad” es apenas una vil estrategia. Se pide perdón no porque exista una convicción profunda de haber fallado, sino porque el cálculo político así lo exige: Es un acto vacío que busca cerrar el ciclo mediático más que reparar el daño causado. La “disculpa” se convierte en un mero trámite, no en un punto de inflexión.

Una frase atribuida al escritor y político francés del siglo XVI, Michel de Montaigne, ya advertía sobre esta conducta: “Nada hay más despreciable que el hombre que se contradice a sí mismo”. Y es, precisamente, esta contradicción la que dinamita la confianza pública.

En sociedades donde la impunidad simbólica se vuelve costumbre, el ciudadano termina por adaptarse a estándares cada vez más bajos. Se tolera la mentira, se minimiza la falta (¡y muchas veces, hasta se justifica la corrupción!) y se acepta el perdón como un “pase de página” suficiente. Pero no lo es. Sin memoria, sin coherencia y sin verdad, la política se convierte en una mera puesta en escena, en una hipocresía más.

Quizás el verdadero desafío no sea exigir políticos “perfectos” sino, más bien “humanos”. Pero, también, quizá nuestro desafío individual más importante deba ser el de exigirnos más como ciudadanos y ser menos indulgentes con esta hipocresía, votando a conciencia y en consecuencia a ello. Porque, mientras la negación rinda sus frutos y el perdón superficial parezca suficiente, el ciclo perverso seguirá repitiéndose, con nuevos rostros, pero con las mismas mañas y malas prácticas de siempre.

EL ETERNO ARTE DE MENTIR, columna de María Isabel León

Educadora y empresaria

Te puede interesar:

Luz sinfónica de Patricia Colchado

La Libertad: Choque entre combi y mototaxi dejó una persona herida

La Libertad: Sin prevención ante lluvias en Virú

Candidato a diputado ofrece impulsar plan “Bukele” en La Libertad

Ver más de Opinión
Do Not Sell My Info
Privacy Settings