Bernardo Alva Pérez (Trujillo, 1955) ha transitado por los caminos de la cultura, el turismo y el medio ambiente; sin embargo, su vida ha conservado una silenciosa intimidad con la literatura. Sus lecturas de Cortázar, Rulfo, Bradbury y otros maestros de la narración parecen haberle abierto una ruta propia hacia la escritura.
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En el 2023 tuve la oportunidad de leer su libro “Playa Paraíso” (Papel de Viento Editores). En esa oportunidad, afirmé que en este libro su autor reúne historias intensas, marcadas por encuentros y desencuentros con el mar, y por una comunión respetuosa con la naturaleza.
Los custodios
En la reciente IV Feria del Libro de La Libertad, Bernardo nos ha vuelto a sorprender: esta vez con un nuevo libro de cuentos: LOS CUSTODIOS. A diferencia del anterior, esta obra nos genera la sensación de una compañía discreta; es como si sus historias nos involucraran sutilmente y caminaran junto a nosotros los lectores.
El libro reúne doce relatos distribuidos en tres secciones: Cuentos de montaña, Cuentos urbanos y Adenda interior. Sin embargo, esta distribución no fragmenta el conjunto; por el contrario, revela la sensibilidad y la necesidad de atención personal, social e histórica que los entrelaza.
Una muestra significativa aparece en “El viaje”: aquí la huaca, los laberintos y los “monstruos polícromos” sugieren una vida anterior. La escritura alimenta ese misterio y deja al lector en el umbral, donde se entrecruzan memoria, imaginación y extrañeza.
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Cuentos de montaña
Esta sección instala una relación de respeto al paisaje. La naturaleza es presencia viva, fuerza moral y espacio donde el hombre aprende sus límites. En “Ya llegando”, “Abismo nocturno” y “Arriba del cerro Sapo”, la altura funciona como escuela: enseña pertenencia, temor y responsabilidad.
En estos relatos, la memoria infantil dialoga con una honda y convincente espiritualidad andina. El tío, el guía, el cazador, el aprendiz o el administrador aparecen como figuras de autoridad, unas veces protectoras y otras inquietantes. De allí proviene parte de la potencia del libro: sus personajes no son héroes; se perciben y viven como seres expuestos a una revelación que los sobrepasa.
Cuentos urbanos
Esta parte, en cambio, mira hacia otra intemperie. La ciudad encarna la rutina, pero también el punto donde lo cotidiano se quiebra y deja entrar la rareza: un abogado arrastrado hacia un libro profético, unos amigos que cenan con Juan Rulfo, una plaza donde un poema roza la tragedia. En estos relatos, lo fantástico opera como fisura discreta por donde asoma la fragilidad humana.
El cuento que da título al libro condensa una intuición central: custodiar no siempre significa salvar. A veces se guarda una herencia luminosa; otras, un delirio, una culpa o un objeto que termina gobernando la vida de quien lo recibe. En esa ambivalencia se juega la fuerza simbólica de “Los custodios”: todos protegen algo, pero nadie sabe si aquello lo redime o lo condena.
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Adenda interior
Esta tercera sección es más íntima y onírica. Confirma que Bernardo Alva entiende la literatura como rescate de imágenes antes de que la vigilia las borre. Allí aparecen el padre, el tigre de peluche, el viaje en bus y el concierto perdido: escenas nacidas en el filo del alba. Algunos lectores quizá dirán que no todos los textos alcanzan la densidad de los cuentos mayores. Es posible. Pero lo que sí muestran es su laboratorio afectivo.
Uno de los aciertos del libro está, justamente, en la construcción de atmósferas. La bruma, el frío, la noche, la plaza, el chifa, el camino hacia el cerro o la precariedad luminosa de un circo configuran espacios vitales. El autor sabe que un relato no logra convertirse en tal solo porque se nutre de una anécdota. Innegablemente, las historias viven también del aire que respiran sus personajes y del temblor que produce una imagen.
Apreciación
En cuanto al estilo, Bernardo Alva Pérez escribe con prosa serena, evocativa, por momentos lírica, que prefiere sugerir antes que imponer. Su narración no busca el golpe efectista, aunque algunos finales sorprendan; avanza con la confianza de quien sabe que la literatura conversa con los muertos, los maestros y la infancia.
LOS CUSTODIOS es, en suma, un libro de atmósferas, intuiciones y revelaciones. Confía en el asombro sin ingenuidad y devuelve al cuento su condición de refugio, umbral y ceremonia de atención. En ese sentido, su apuesta tiene un innegable valor dentro de la narrativa liberteña y peruana, porque enlaza territorio, memoria e imaginación.
Estos cuentos nos recuerdan que toda comunidad necesita relatos para guardar sus montañas, sus calles, sus fantasmas domésticos y sus sueños frágiles. También nos sugieren que la literatura no siempre ilumina de frente. A veces sostiene una lámpara en la niebla para ayudarnos a distinguir aquello que creíamos perdido. Por eso, este libro se merece lectores atentos. Estoy seguro de que quien transite por sus páginas descubrirá que custodiar una historia es, esencialmente, impedir que el olvido tenga la última palabra.
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Alva Pérez: entre la montaña, la ciudad y el misterio
Los custodios, de Bernardo Alva, reúne relatos donde la montaña, la ciudad y la interioridad se abren al misterio. Este libro nos recuerda que toda historia custodiada le disputa algo al olvido.