Uno de los esfuerzos editoriales más interesantes, conspicuos y generosos del maestro Luis Alberto Sánchez, es sin duda el compendio de la obra del pensador ?desde mi punto de vista- más importante de todos los tiempos en el Perú, Don Manuel Gonzáles Prada. Luis Alberto Sánchez escribió en 1922, cuando apenas contaba con 22 años el “Elogio a Manuel Gonzáles Prada” y en 1930 “Don Manuel”. El valor que tiene este último libro es doble, por un lado es un panegírico saludable al “héroe” de la filosofía y las letras peruanas que es Gonzáles Prada y por otro es el testimonio objetivo de un émulo, de un amante de la sabiduría en términos literales. La última entrega de LAS se dio en 1986 y fue la última edición confeccionada por él y financiada por Petro Perú de “El Tonel de Diógenes”. Cuenta la anécdota que cuando le prohibieron al sabio de Sínope escupir en el piso de la casa de un personaje ilustre, escupió en la cara de su anfitrión y le espetó “fue el lugar más sucio que encontré”. Desafiante y libertario, como las canciones de George Braseens “Ma liberté/ longtemps je tai gardée/ comme une perle rare”, mi libertad/ largo tiempo te guardé/ como una perla rara. Diógenes simboliza la liberación del individuo, el hombre que busca sus límites y no los halla, por que no los tiene, el “Canto a la liberación del caracol”. “El sol brincó en el árbol/ después todo fue pájaros”, reza un poema de Martín Adan. Poco se exploró esta veta libertaria en la poesía y en la narrativa peruana. Hace poco estuvo por aquí Oswaldo Reynoso, quien fue un símbolo para la Lima de los 80, por lo menos para aquella Lima universitaria de guerrilleros de café y guevaristas al paso. Pero Reynoso es inocuo para Huamanga, por que Huamanga es más profunda. Sino pregunten a las piedras que guardan la memoria de los runas. Diógenes está más cerca del pueblo, mucho más de lo que todos creemos. Roberto Gómez Bolaños ideó un personaje que vive, ¿adivinen dónde? En un tonel, porque Chespirito no es ningún tonto y el espíritu siempre se las ingenia para retornar las cosas a su lugar “viene del pueblo y va hacia él”.