En el pantanoso terreno de la política peruana, hay monstruos ideológicos y variadas criaturas políticas que le dan forma y fondo a nuestra decadente política doméstica. Por mandato constitucional y de acuerdo al régimen de gobierno elegido (democracia representativa), los ciudadanos peruanos damos nuestro consentimiento por medio del sufragio para elegir al Presidente de la República, figura determinante que se convertirá en responsable político de la administración general del país. En condiciones normales, elegiríamos sin grandes preocupaciones y daríamos nuestro voto a un candidato presidencial mesurado, responsable, ilustrado, dotado de grandes capacidades intelectuales, honrado y moralmente incuestionable, pero como en el Perú las condiciones son adversas e inherentemente angustiantes, tenemos que elegir entre Escila y Caribdis (dos monstruos marinos de la mitología griega). Cuando el héroe de la mitología griega Odiseo, retornó a Ítaca para reencontrarse con su mujer Penélope y retomar el control de su reino, fue advertido por la hechicera Circe, para que, al pasar por el estrecho de Mesina, desvíe ligeramente el barco hacia un extremo del estrecho donde descansaba y ocultaba Escila. Circe sabía que Escila era un monstruo que con sus seis cabezas, devoraba a seis tripulantes, pero dejaba intacto al resto de la tripulación, mientras que Caribdis era un monstruo que tragaba inmensas cantidades de agua, creando un remolino y destruyendo embarcaciones completas. A cada uno nos corresponde pensar qué monstruo representa cada candidato y evaluar por cuál lado del estrecho conviene transitar. Hoy estamos ante este dilema: elegir entre Escila y Caribdis.
ENTRE ESCILA Y CARIBDIS, columna de Alejandro Martorell
Licenciado en Ciencia Política