Recientemente, los exministros y excomandantes generales de las FF.AA. han emitido un comunicado conjunto que, con derecho ciudadano, con severidad y responsabilidad patriótica, llama la atención al Jurado Nacional de Elecciones (JNE), por el penoso rol que viene cumpliendo en el actual proceso electoral, más allá de la denuncia al jefe de la ONPE y algunas otras medidas de poca relevancia, que no han logrado ningún resultado concreto que dé señales de esclarecimiento de los hechos que son materia de rechazo ciudadano, en un proceso a toda luces es irregular, por no decir fraudulento.
Contrasta esta actitud con la de muchos gremios y asociaciones profesionales, empresariales y otras organizaciones de la sociedad civil que vienen guardando silencio indolente, o que no se atreven a quebrar el pacto infame de hablar a media voz, como diría Gonzáles Prada. Esto no es más que el reflejo de la falta de firmeza que existe en nuestro país, cuando es imperativo anteponer lo correcto a lo incorrecto, lo que abarca a todos lo ámbitos de nuestra sociedad, y que se demuestra con las “medias tintas”, con los “sí, pero no”, con los “ni chicha, ni limonada”.
El JNE debe cumplir con su deber de manera patriótica, imparcial, diligente y eficiente para que el proceso electoral, tan profundamente dañado, concluya en los términos aceptables que le dé legitimidad al gobierno venidero. De lo contrario se convertirá, si no lo es ya, en cómplice de los repudiables actos que hoy se le atribuyen a la ONPE, y en particular a su titular renunciante.
Lo dicho es por el bien del sistema democrático, que tanto nos está costando construir como sociedad y sobre el cual, a pesar de los desencuentros que nos señala la historia y las desavenencias actuales, debemos perseverar en defenderlo.