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Tod@s, Todes, Les niñes: la nueva guerra de las palabras

Columna de opinión | Educadora y pequeña empresaria

María Isabel León

Actualizado el 21/03/2021, 08:34 a.m.

En el idioma español, el género masculino puede abarcar al femenino en ciertos contextos. La RAE ha señalado que está proscrita toda forma de desdoblaje de sustantivos en masculino y femenino, así como la utilización de caracteres “comodines” para expresar un género “neutro”, como la “e” o la “@” que contravienen las reglas tanto gramaticales como gráficas de la lengua castellana.

Sin duda alguna, en pleno siglo XXI, es imperativo acabar con toda forma de discriminación entre hombres y mujeres, y con toda conducta discriminatoria en general, pero de allí a pensar que el activismo para lograr una sociedad sin discriminación pase por deformar el lenguaje, deja mucho pan por rebanar. Quienes usan el lenguaje “inclusivo” en nuestra época, señalan que lo hacen para visibilizar justamente la discriminación contra la mujer, señalando que lo que “no se habla, no existe”.

Pero, es sustancialmente distinto un lenguaje “inclusivo” de uno que llega a ser “irritativo”. Una cosa es ejercitar el uso de un vocabulario más inclusivo, respetando las reglas gramaticales de la RAE, y otra muy distinta es distorsionar y asfixiar nuestra lengua, con ensayos arbitrarios que lo único que logran es ridiculizar el lenguaje “incluyente” e impedir una comunicación fluida y racional. La inclusión de hombres y mujeres debe estar acompañada de esfuerzos reales por lograr equidad. Las mujeres no necesitamos una palmadita en el hombro, ni necesitamos ningún “favor”.

Desde el psicoanálisis, Jacques Lacan hizo importantes señalamientos de la función que tiene el lenguaje en la forma en la que un ser humano estructura su realidad. Para el, el lenguaje da nombre a lo que vive y significado a lo que pasa en su interior. En el Perú como en muchos otros países, existen regulaciones para el uso de lenguaje inclusivo en las entidades públicas. De hecho, la ley 28983 de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, apuesta por el uso del lenguaje inclusivo, con ejemplos como: “El profesorado” en lugar de “Los profesores”, o “la ciudadanía” en lugar de los ciudadanos” y un largo etc.

En la otra orilla, un ejemplo de extremismo ocurrió en la web de una conocida universidad católica de Lima, al referirse a “Profesores Eméritos” y que rezaba: “.. Son profesores extraordinarios y profesoras extraordinarias los profesores eméritos y las profesoras eméritas, los profesores honorarios y las profesoras honorarias y los profesores y las profesoras visitantes.”. un evidente exceso, imposible de digerir.

Es necesario abrir puertas a un debate crítico y objetivo que busque la eliminación de sexismos, pero sin caer en el riesgo de bordear lo ridículo.

Tod@s, Todes, Les niñes: la nueva guerra de las palabras

Columna de opinión | Educadora y pequeña empresaria

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