El pasado jueves, durante un encuentro que sostuvieron los presidentes de El Salvador y Perú, Nayib Bukele advirtió a Keiko Fujimori que “copiar lo idéntico no tendría sentido, porque todos los países son diferentes”.
Aparte de la obviedad, lo dicho por Bukele no carece de razón y, además, Fujimori no querrá volver a tener asociado a su apellido los serios cuestionamientos y atentados al debido proceso y los derechos humanos que opacan el gran avance en seguridad ciudadana logrado en El Salvador a través de un régimen de excepción prorrogado más de 50 veces por un Congreso dominado por el oficialismo.
Por eso hizo bien la mandataria peruana en aclarar ayer, aún desde El Salvador, que no buscan copiar la receta instaurada por el régimen de Bukele, sino sus resultados. “Somos países distintos, con normas y leyes diferentes, pero creo que su esencia, el devolverle la seguridad y el orden, es algo que nosotros también queremos replicar en el Perú”, puntualizó.
Y vaya que lo necesitamos. Los crímenes violentos y ataques de sicarios siguen mientras no se toman acciones. Fujimori hizo bien en ir a mirar y Bukele le dio la clave: no copiar todo el proceso sino tomar lo aplicable y democrático, y descartar lo que no. Millones de peruanos se lo agradecerán