Los ojos de los peruanos están puestos en el proceso electoral que este 7 de junio nos dará un nuevo presidente. Sin embargo, no se puede perder de vista la situación de violencia desbordada que seguimos viviendo mientras el gobierno inepto del comunista José María Balcázar parece empeñado en seguir sobreviviendo sobre una nube, flotando por encima de crímenes, robos y extorsiones.
En Lima, esta semana que termina ha sido nefasta para los trabajadores del sector transportes. Han matado a cuatro en 48 horas. A la expresidente Dina Boluarte la echaron del cargo por una balacera con heridos en un concierto en el distrito de Chorrillos, pero frente a la situación actual, nadie exige acciones al régimen que está en modo “no sabe / no opina”, cuando todo es su responsabilidad.
El jueves último, en Piura, ha sido asesinado a balazos del alcalde del distrito Veintiséis de Octubre, Víctor Hugo Febre Calle. Lo mataron en la puerta de su casa. Los críminales iban en una moto. Esta es una muestra más de la brutal ola de criminalidad que daña al país, pero especialmente a la costa norte, algo que sucede desde hace al menos dos décadas.
La inseguridad en las calles no puede esperar a que el 28 de julio entre un nuevo gobierno, el que sea, para que tome decisiones. La criminalidad cobra vidas todos los días, y no se puede esperar un minuto más para que el Poder Ejecutivo y el Estado en general, actúen y pongan por delante la integridad del ciudadano.