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De sentido común

Lo que se requiere es escalar la capacidad de innovar [en las escuelas] con incentivos e interacciones estructuradas que permitan aprender unos de otros.

24 de Febrero del 2017 - 07:01 León Trahtemberg

En su columna “¿Milagros o política de innovaciones educativas?”, el exministro argentino Juan Carlos Tedesco sugiere escalar la capacidad de innovar en las escuelas como la mejor vía para “poner al día” la calidad de la educación escolar (eldiariodelaeducacion.com 24/11/2016).

Sostiene que las soluciones basadas en las TICs o el autoaprendizaje a través de videos o internet tienen severas limitaciones, y que todas estas soluciones milagrosas comparten cuatro rasgos: son descontextualizadas; simplifican el problema que pretenden resolver con soluciones que actúan sobre una sola de las variables; se presentan apoyadas en un poderoso marketing; se asocian con un fuerte liderazgo personal. Estas soluciones tienen un ciclo de vida relativamente corto y desaparecen sin dejar rastros. Sostiene que la única solución “milagrosa” que muestra una historia de larga duración es la escuela obligatoria, gratuita, pública y laica que hoy se encuentra cuestionada. Reconoce que la escuela y la educación requieren importantes transformaciones, pero ello debe partir de una política de innovaciones que no consista en incentivar soluciones simples y milagrosas ni escalar “buenas prácticas” que son muy locales. Lo que se requiere es escalar la capacidad de innovar con incentivos e interacciones estructuradas que permitan aprender unos de otros.

Creo que Tedesco omitió valorar la enorme capacidad de innovar que está evidenciando la educación privada de punta y explicitar la necesidad de la escuela innovadora de contar con amplios márgenes de autonomía. En todo lo demás, comparto plenamente su visión.

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