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León Trahtemberg

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​Elogiar a los niños es contraproducente

Decirle frecuentemente a un niño que lo que ha hecho es lindo será recibido por él como un elogio que deseará que se repita, porque quiere aprobación

13 de Mayo del 2016 - 06:00 León Trahtemberg

Decirle frecuentemente a un niño que lo que ha hecho es lindo será recibido por él como un elogio que deseará que se repita, porque quiere aprobación. Por ello, hará lo necesario para volver a recibirlo. Con eso, en lugar de convertirlo en un niño seguro, se le volverá inseguro porque crecerá necesitando que otro le diga si lo que hace está bien. Son elogios que terminan siendo una manipulación para que se someta a la voluntad y pautas de conducta impuestas por los adultos, en vez de seguir los impulsos de su creatividad y hacer sus propios juicios de valor.

Una vez que la atención producida por los elogios se extinga, desaparecerá su interés por la tarea no elogiada y por aquello que no será objeto de recompensas (notas, premios).

Los niños necesitan ser amados incondicionalmente y no sentirse atados a ello, en tanto hagan las cosas de cierta manera. Ese amor es condicional, manipulador, egoísta, porque entrega amor en la medida que satisface las necesidades al adulto de que el niño haga lo que este quiere.

¿Cómo expresar interés en lo que el niño hace sin evaluarlo o juzgarlo? 1). Describir lo que hace (¡te pusiste solo los zapatos!). 2). Expresar interés por el efecto de una acción (¡mira la cara de alegría de Miguel cuando le prestaste tu juguete!). 3). Preguntar más que decir o aleccionar (¿cómo descubriste la mezcla de color que usaste en esa pintura?).

Un niño autónomo, libre, será aquel que tenga la sensación de tener control sobre su vida más que aquel que está en constante búsqueda de aprobación de terceros por lo que hace.

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