Los libros generan conocimiento y despierta la creatividad, pero a este hombre, le hizo vivir en libertad mientras estaba en condena. Este es el caso del argentino Carlos Mena, quien estuvo preso durante ocho años por asaltar a la salida de un bingo.
Tuvo como mejores amigos a Dostoievski, Nietzsche y Sartre durante estos años, los mismos que fueron sus acompañantes cuando le abrieron las puertas del penitenciario un 03 de Junio de este año.
Una de sus promesas al salir, a parte de jurar no volver a delinquir, fue volver a la cárcel todos los miércoles para enseñar a leer y escribir a los demás presos, además de apoyar a la editorial que existe dentro de su ex pabellón, la misma que lleva editando cinco libros. Durante ese tiempo, Mena dejándose influenciar por sus autores preferidos, comenzó a escribir cuentos y poemas, "en momentos complicados me sirve de mucho tomar como ejemplo mi pasado para recordar lo que era y estrellarlo contra el piso como una vieja estatua". Lo recita de memoria cuando le preguntan por esto.
Producto de una gresca, Mena casi pierde el ojo izquierdo cuando un penitenciario le disparó con una escopeta cargada de balas de goma durante una revuelta.
En el 2010, infectado de VIH y tuberculosis, Carlos cuenta que pasó: "Alberto me puso un libro en la mano y me enseñó filosofía. Me hizo escribir y volví a ser una persona. Si pude porque me ayudaron, quiero ayudar", promete.
EL ÁNGEL DE LOS PRESOS Alberto Sarlo es un abogado argentino. Hace seis años convenció al director de esa cárcel de Florencio Varela de algo inédito en el país: que lo dejaran armar una editorial dentro de un pabellón de máxima seguridad. Quería modificar el lugar donde los presos pasan todo el día y los agentes penitenciarios entran sólo cuando hay requisas. Sarlo demostró que es posible otro paradigma en el encierro: 50 presos empezaron a leer, mantuvieron una biblioteca de 400 libros y se animaron a escribir. Publicaron dos de cuentos infantiles, uno de escritos filosóficos y dos sobre torturas en cárceles. Imprimieron 3500 ejemplares y los donaron a comedores que funcionan en las villas. Para esto, Mena fue un gran aliado: "Logró mantener reglas contrarias a los códigos tumberos". afirma el salvador de los presos. Hay una máxima que rige la suerte de todos: el que no lee ni escribe se tiene que ir.
ENSEÑANZA PARA SER LIBRE El director del penal, Juan Fernando Pirali , tiene 1265 internos y 126 agentes penitenciarios por turno. A Mena lo recibe con un apretón de manos. Pirali, de 41 años y 24 en el Servicio Penitenciario, elogia el trabajo de la editorial y dice que el pabellón cuatro "se maneja como una gran familia". Reconoce que como este tipo de proyectos hay pocos. Y después duda si existe otro.
Carlos se ha vuelto profesor y enseña a través de su experiencia porque entiende la necesidad de ver más allás para los internos. La clase dura cuatro horas y cuando termina la clase, Mena les dice que se porten bien, que no hagan lío, que se cuiden. Afirma que la lectura es uno de los mejores caminos para lograr la salvación: "Los hace vivir libres desde la cárcel. Si leen una novela que trata de una playa van a sentirse en esa playa. Porque, como dice Sartre, estamos condenados a ser libres".
Con la información del Diario La Nación

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