Guillermo Arriaga, escritor y guionista de cine, llegó a Lima para presentar en la 22 Feria Internacional del Libro de Lima El salvaje, su cuarta novela. “¿Cansado?”, le preguntamos, tras la quinta entrevista que tiene que atender en la jornada. El mexicano sonríe y apela a la sinceridad. “Venir a un país y encontrar a gente que esté interesada en que yo hable con ellos me parece un privilegio. Sería grosero y malagradecido que un escritor diga que le molesta”.
Pero no negarás que a veces cansa...
Sí, en un momento el cansancio te vence, es verdad, pero más porque tienes que parecer inteligente en todas las entrevistas cuando no lo eres, y eso implica una dificultad (risas).
Lo que es difícil es escribir de lo que no se ha vivido. ¿Esto es básico para un novelista?
No necesariamente, depende de la tradición literaria a la que pertenezcas. Hay algunas que se basan, lo que llaman los americanos, en el “vitalismo”, que es escribir a partir de tu vida. Pero hay escritores como Borges que se basaban en lo que leían en la biblioteca, no en su propia vida, o James Joyce, que se amparaba en el lenguaje, no tenía interés en narrar otra cosa que hacer lenguaje.
Pero en El salvaje la realidad sí fue vital para escribir la historia, por ejemplo, vivir en un barrio movido...
No fue un lugar tan difícil, el difícil quizás fui yo. Mi barrio era completamente agradable, tranquilo, la cosa es donde se va a meter uno. Todo barrio tiene su parte oscura y su parte luminosa, depende adonde elijas ingresar o quizás te meten las circunstancias.
¿En qué momento aparece el barrio para empezar a escribir tu cuarta novela?
Hay inclinaciones que tenía yo de niño para meterme en problemas y a veces no tenía control sobre eso. A los 12 años, prácticamente, medía ya el 1.88 m de ahora. Entonces, tipos de 23 decían “hay que pegarle al grandote”, y me daban unas palizas bestiales. No me quedó otra que aprender a defenderme apelando a una serie de artimañas, como guardar un cuchillo bajo la manga o tener una pistola metida detrás del pantalón.
¿Cómo ves todo eso ahora?
Era necesario y afortunadamente viví esas experiencias, porque alimentaron el libro.
¿Es verdad que cuando empezaste a escribir El salvaje no sabías hacia dónde ibas?
Tenía una vaga idea del principio, pero de allí en adelante, nada.
Contra todos los que dicen que para escribir una novela hay que tener al menos un esqueleto...
Hay gente que tiene un mapa muy detallado de cómo va a escribir, como dice Javier Marías, mapa y brújula, y otros que nos metemos al bosque.
Y te metiste al bosque y fue empezando a aparecer todo...
Afortunadamente tengo todas estas vivencias que fueron alimentando la novela; es mágico cuando las vivencias se unen al puente de la imaginación.
¿Eres de los que corriges mucho?
Mucho. No sé si será bueno o malo.
Cuando lees lo primero que escribes, ¿qué sensación te deja?
Hemingway siempre decía que el primer tratamiento de cualquier cosa siempre es una mierda. A mí me tocó ver un manuscrito original de Borges que compró mi antiguo editor. Tú leías lo que estaba escrito y parecía que lo había hecho un chico de diez años, pero luego empiezas a ver como empieza a tachar, a corregir y, finalmente, lees como quedó y dices “esto lo escribió un genio”. La grandeza no está en lo que primero sale, sino en como queda luego de que lo corriges.
¿Ves tu novela convertida en película?
No, porque es una novela que está hecha para adentro, no para afuera. Es difícil proyectarla a una tercera persona cuando está narrada en primera.
Escribir un guion original para cine o adaptar una historia de otros, ¿cuál es más difícil?
No sé, yo nunca he escrito guiones de otros. En realidad, las dos veces que trabajé con historias de otros fui despedido.
Es tan difícil escribir por encargo...
En el cine, el escritor ofrece un mundo o un oficio. Quien ofrece un mundo es una visión muy particular, hace obras originales, esa es tu visión. Quienes ofrecen su oficio pueden fácilmente ver lo que quieren otros. Yo soy un escritor, ofrezco un mundo; es muy difícil poner mi mundo al servicio de una historia de otros.
¿La trilogía Amores perros, 21 gramos y Babel quedó como la imaginaron ustedes?
Es una trilogía que la imaginé yo, la creé yo. Está diseñada desde antes, no fue de Alejandro (González Iñárritu), ya estaban escritas las dos primeras cuando empezamos a trabajar.
¿No hay posibilidad de un reencuentro con González Iñárritu?
Ninguna.
¿Se rompió el vínculo?
Cero.
Pero estás abierto a trabajar con otros directores...
Sí, con solo dos, Mariana y Santiago Arriaga, mis hijos. No vuelvo a escribir para otros.
PERFIL
Guillermo Arriaga
Escritor, guionista y cazador
Escribió los guiones de Amores perros, 21 gramos y Babel, que dirigió Alejandro González Iñárritu. Es admirador de Mario Vargas Llosa.

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