Joel Calero, director de La última tarde: “Quería con hechos del presente evocar el pasado”

Director competirá en el Festival de Cine de Lima con La última tarde, que narra el reencuentro de dos exsubversivos.
Joel Calero, director de La última tarde: “Quería con hechos del presente evocar el pasado”

Joel Calero, director de La última tarde: “Quería con hechos del presente evocar el pasado”

04 de Agosto del 2016 - 05:33 » Textos: Enrique Silva » Fotos: Eliana Obando

La película La última tarde, segundo largometraje del cineasta peruano Joel Calero, participa en la competencia oficial de ficción del 20° Festival de Cine de Lima, que se inaugura mañana por la noche en el Gran Teatro Nacional.

Protagonizada por Lucho Cáceres y Katerina D’Onofrio, la cinta es una atractiva historia sobre una pareja de exmilitantes de izquierda ligados al terrorismo que se reencuentran después de 19 años. Conversamos con el realizador a propósito del filme, que todavía no tiene fecha de estreno a nivel nacional.

La última tarde es tu segundo filme. ¿Cómo nació la idea de hacer una película con dos personajes principales?

Dos razones. Una primera de producción. Cielo oscuro (2012) me tardó siete años hacerla. Entonces pensé que necesitaba hacer una película más concentrada, de dos personajes, lo más reducida posible.

¿Y la segunda?

La segunda tiene que ver con una cuestión, si se quiere, ideológica. Yo soy de la generación de los 80, pero relativamente próxima a la de los 70. Una generación que, cuando estaba en la universidad, tuvo una vida política activa, de izquierda. Por eso me preguntaba cómo se sentirán los antiguos militantes que apostaron tanto en esos tiempos, qué pasó con su pulsión personal, sus ideales, sus ganas.

La historia tiene un claro tinte ideológico... 

Yo siento que la película tiene un lado emocional, de pareja, y otro político, ideológico y que, además, se entremezclan. Claro que no es cualquier tipo de pareja, son dos militantes de izquierda (de distinta clase social) que estuvieron metidos en la subversión.

Esta manera de plantear el recorrido de los personajes remite al cine de Richard Linklater, especialmente de sus películas Antes del amanecer y Antes del atardecer... 

Por supuesto. Antes del atardecer es una película de referencia, absolutamente.

En tu película, como en la de Linklater, es evidente que los actores han trabajado o aportado también en los diálogos... En mis dos películas he hecho exactamente lo mismo. Yo llego con un guion bastante trabajado y durante mes y medio o dos trabajo con los actores, reescribiendo sus diálogos, de modo que ellos le impriman primero su sintaxis, su fraseo, pero incluso modificaciones un poco más conceptuales. Por eso yo diferencio. El guion es mío, pero la versión final de los diálogos es de ellos (los actores).

Hablemos de los protagonistas...

Yo siempre hago un casting riguroso, minucioso.

¿Fue Cáceres tu primera opción para el personaje de Ramón?

Sí, pero Lucho no quería hacer el personaje. El primer día que leyó el guion me dijo: “Yo no voy a interpretar a ese hijo de puta mientras no le pida perdón al país por lo que le hizo”. Entonces, yo le respondí: “¿Tú me vas a obligar a mí, director y guionista, a hacer que mi personaje le pida perdón al país?”.

Ese no es el sentido de la película...

Cierto, tenía reparos y prejuicios. Ayudó que leyera el libro Los rendidos (IEP, 2015) de José Carlos Agüero, hijo de dos exsenderistas muertos. Fue decisivo, un punto de inflexión. Le hizo comprender y sentir próximos a los subversivos, que incluso podrían haber sido sus amigos. Lo ayudó a exorcizar sus demonios.

¿Y con Katerina D’Onofrio?

Hice un casting exhaustivo a todas las actrices de su generación. Hubo mucha gente conocida.

Y ella fue la que te gustó más...

De lejos.

Katerina es una actriz con experiencia en teatro y ha hecho poco cine. ¿Qué te atrajo de ella?

Me gustó la posibilidad de poder transitar por varios estadíos emocionales con ella. La sutileza, sentirse conmovida, desafiante, reírse. Yo sabía que una película cuyo mayor reto estaba en el trabajo actoral necesitaba un personaje que pasara por esos estadíos emocionales, incluso el cautivarse por el otro. Y todo eso me lo daba Katerina.

¿Ensayaste mucho con los dos?

Claro. Fue un mes y medio de ensayos diarios; cinco o seis horas al día.

¿Hicieron los recorridos por las calles también?

Al final, después de trabajar en mesa, de reescribir el guion, hicimos todos los recorridos. Entre otras cosas porque necesitábamos ajustar los diálogos a la duración de la caminata. Eso implicó que yo redujera, concentrara, porque los diálogos tenían que calzar exactamente con el recorrido.

Son importantes las revelaciones que van apareciendo y enriqueciendo la narración...

Me interesaba mostrar cómo a partir de hechos del presente se puede evocar al pasado, convocarlo. Por ejemplo, la escena del robo al auto de Laura y la violenta reacción de Ramón contra uno de los ladrones. Eso para ella es como revivir el pasado y cómo ese pasado empieza a afectarlos en el presente.

La escena final rompe un poco con todo lo anterior...

Sí. Fue una escena íntima, no sexual, que me pareció necesaria desde la escritura del guion. Me pareció importante que en una historia en la que se habla todo el tiempo, sea la única escena silente.

El Bocón en Vivo

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