​La bajada de los Reyes Magos: La tradición que se narra en las sagradas escrituras

Según el libro Sagrado, los tres reyes magos llegaron a Belén para llevar ofrendas siendo guiados por los astros
​La bajada de los Reyes Magos: La tradición que se narra en las sagradas escrituras

​La bajada de los Reyes Magos: La tradición que se narra en las sagradas escrituras

06 de Enero del 2017 - 10:04 » Textos: Redacción Multimedia » Fotos: Difusión

Como es de tradición, cada 6 de enero, se espera la bajada de los Reyes Magos y se dice que aproximadamente a la media noche, Melchor, Gaspar y Baltasar repartirán regalos por las casas a los más pequeños.

Esta costumbre guarda mucha ilusión, felicidad y fantasía. Sin embargo, y aunque todos sabemos de su existencia y de su deseo de premiar solo a los niños buenos, pocos conocen dónde se encuentra su origen, el momento en el que nació su leyenda y las verdades y mentiras históricas que existen en torno a ellos.

ORIGEN.

El origen de la leyenda de los tres Reyes Magos lo encontramos en la Biblia. Su artífice fue, para ser más exactos, Mateo. El Apóstol fue el único de los autores del libro sagrado que dejó constancia de la existencia de estos personajes en las crónicas. En sus textos afirma que, después de que Jesús naciera en Belén «vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle». No señalaba, por tanto, ni el número concreto de Sus Majestades, ni su raza.

La cuestión les llevó hasta Herodes, rey del país. Mateo determina que, al oír esto, «el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo». La respuesta de todos fue unánime: en Belén, pues así lo decía la profecía.

En palabras del Apóstol, Herodes tendió entonces una trampa a los magos: les envió a la ciudad y les pidió que averiguasen todo lo que pudiesen acerca del niño, pues él quería adorarle también. «Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño».

El evangelista continúa señalando que, tras entrar en la casa en la que había nacido el pequeño, se postraron, le adoraron y le entregaron los tesoros que portaban: «le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra». Posteriormente se marcharon, pero no cumplieron su promesa de avisar al rey tras ser advertidos en sueños (por un poder superior) de lo que este pretendía.

«Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino», completa Mateo. Esta es la información que, posteriormente, daría lugar a la llegada de sus majestades a todas nuestras casas en la noche del 5 de enero amaneciendo para el 6. Una tradición que ha ido evolucionando con el paso de los siglos debido, entre otras cosas, a las múltiples versiones existentes.

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