La tradicional Lima tiene muchas leyendas en cada rincón de los muros grises de esta legendaria ciudad. Es por eso que, las calles y avenidas de la antigua "Ciudad de los Reyes" tiene misteriosas leyendas para contar.
El año 1861 la Municipalidad de Lima hizo un cambio en la nomenclatura de las calles o cuadras de la ciudad, suprimiendo para ello los antiguos y particulares nombres que tenían y reemplazándolos por otros que hoy lo podemos ver.
Según el libro del historiador peruano Juan Bromley, "Las viejas calles de Lima" (1613) cuenta sobre los nombres que llevaban las antiguas avenidas, sin ninguna norma, los jirones o avenidas llevaban nombres de los vecinos más visibles o en todo caso de personajes enigmáticos, como el "gigante limeño".
Callejón del gigante
La cuadra 6 del Jirón Cusco, en el siglo XIX era conocida como "Callejón del gigante", no había persona que no pasará por ese lugar con curiosidad y a la vez temor.
Según relató el historiador peruano Juan Bromlye en su libro, este sobrenombre a esta calle fue debido a un joven mestizo de 18 años, llamado Juan Núñez.
Él era hijo de un español y de una india, nacido en Huamanga, hasta aquí todo era normal, pero lo que no pasó desapercibido era la estatura que tenía el hijo de ellos.
Su tamaño era tres varas de alta y sus pies medían más de media vara, en centímetros sería dos metros y medio de altura y sus pies eran de 41 centímetro, tenía la apariencia de un gigante. Es por eso que, todos los vecinos vociferaban en las afueras de su casa y pasaron el rumor por toda la ciudad.
Fue tanta la polémica que causaba Juan Núñez, que el virrey Conde de Chinchón quiso mandarlo a España como una “rareza”, su casa se había vuelto como un circo para los vecinos del lugar que entre burlas y gestos de asombro, los padres del gigante decidieron encerrarlo para evitar este espectáculo.
Años más tarde se supo que el gigante murió de pena, poco antes de ser enviado a España, sin embargo, si pudieron tomarle una fotografía para tenerlo como prueba que en Lima habían gigantes, este retrato fue enviado a la Península.
Bromlye, afirma que ese no fue el único caso de gigantismo en la capital y que hubieron otros casos similares en el siglo XVII, era un hombre de 24 años llamado Basalio Huaylas, indio de naturaleza quien media cerca de 2.20 m de altura.

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