El historiador, antropólogo y escritor peruano Luis Enrique Tord (73) entrega a los lectores su cuarto libro, El imperio en Llamas (Suma de Letras), el primero de la saga sobre la caída del Imperio incaico y la posterior colonización española. La novela épica narra la rebelión que lideró Manco Inca en 1536, tras la muerte de Atahualpa, contra Francisco Pizarro y los invasores, durante nueve meses en que cercó el Cusco.
¿Cómo Manco Inca, apenas a sus 17 años, tuvo deseos de rebelarse?
Escuchaba al vilacun, un hombre sagaz y de mayor edad, aunque su juventud afloró cuando se distrajo atacando Sacsayhuaman en vez de ir de frente al Cusco. Y también por el orgullo de linaje. Manco Inca se rebela porque siempre tuvo consciencia de que era un príncipe (era hijo de Huayna Cápac) a pesar de su silencio. Sus compatriotas se preguntaban qué esperaba para rebelarse, pero no es tan fácil estar metido en medio de tus capturadores. Él era consciente. Solo esperó el momento.
¿Cómo reunió información detallada de ese periodo, el siglo XVI y XVII?
Una de las dificultades mayores ha sido la información, pero no hay mayor problema. En literatura tenemos la licencia de acercarnos a los personajes por los retratos que hacen los cronistas de Manco Inca y de Francisco Pizarro. Hay elementos suficientes para entender la sicología de estos personajes protagónicos. Contamos con más de 100 crónicas sobre el siglo XVI, también están los relatos de Rodríguez de Figueroa, el minero que conoció a Manco Inca.
¿Fue inteligente o ingenuo Manco Inca al aliarse con los españoles?
No creo que haya habido ingenuidad. Cuando Atahualpa es ejecutado en 1533, en el intermedio manda matar a Huáscar, se hace enemigo mortal de los huascaristas y cuando muere, le sobreviven los generales, como Rumiñahui, que le hacen la guerra a los huascaristas. Los españoles fueron para los huascaristas unos aliados importantes de 1534 a 1536. Manco Inca se juega con el tiempo, espera derrotar a los atahualpistas y después sublevarse. Es un juego de intereses, no tanto de ingenuidad. Qué puede hacer uno frente a una invasión de ese carácter: hacerte amigo de los enemigos de tus enemigos y ya veremos después.
¿Por qué la rebelión no llega a buen cauce?
Ahí hay una cuestión: si bien los aliados de Francisco Pizarro no eran pocos, respecto a Manco Inca y sus huestes eran minúsculos; sin embargo, tenían la capacidad de hacer la guerra de manera extraordinaria, por los caballos y arcabuces. Yo me digo: “Cuando en las Termópilas nos cuentan que 300 espartanos contuvieron a tantos persas, ¿no estamos hablando de lo mismo?”. Los persas eran semiesclavos, cada uno estaba vinculado a su caudillo; en cambio, el griego era un hombre muy libre, tomaba decisiones, iba a la guerra solo. Hay mucho de eso en la historia de Occidente, de la capacidad de hacer sociedades donde la libertad sea fundamental para vivir. Creo que mucho de eso falló en el lado inca.
Si pensamos de manera ucrónica, ¿podría Manco Inca haber triunfado en esa rebelión?
Yo no sé, desaparecido Pizarro, el Imperio español estaba detrás, alguien vendría después. Es simple decir: “Manco Inca hubiera triunfado, recuperaba lo perdido, nadie más entraba”, pero había mucho conquistador ambicioso. Estaban preparando expediciones ilegales.
Sobre las batallas de griegos y espartanos se han hecho películas, ¿por qué cree que en Perú aún no se atreven a hacer una sobre el Imperio Incaico?
Este libro es prácticamente un guion, ya es hora de armar una película, estamos hartos de los cowboys de la Segunda Guerra Mundial. Si nosotros los peruanos imaginamos las cosas de manera tan ingenua, cómo pensarán los gringos, creerán que cayó Atahualpa y chau. Tres amigos empresarios están interesados, pero siempre con apoyo de afuera. Creo que sí podría haber una película sobre Manco Inca.

:quality(75)/arc-anglerfish-arc2-prod-elcomercio.s3.amazonaws.com/public/GMSK2M2COVCPTITAANAHJU62VM.jpg)
