"¿Por qué no me mataste?", es la primera pregunta de Lurgio Gavilán al militar que evitó su muerte cuando tenía 14 años y pertenecía a Sendero Luminoso.
En la montaña Razuhuillca, en Ayacucho, sus compañeros estaban muertos. Sabía que era su turno.
"Era un niño, pero estaba cansado. Mi corazón estaba seco por esa maldita revolución", escribió Galván en "Carta al teniente Shogún" (Debate, 2019), su nuevo libro escrito a manera de misiva para agradecer al hombre que lo sacó del grupo terrorista en 1985 y lo asimiló al Ejército.
En su visita a Lima, antes de participar en The Reading Show, conversamos con el antropólogo peruano sobre las heridas de esa época que aún siguen latiendo.
Además, nos reveló que "Memorias de un soldado desconocido", su primer libro, será una película dirigida por Luis Llosa y contará con el guion escrito por el Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa.
Describes el acto del teniente Shogún como un gesto de humanidad, en medio de un escenario de muerte. ¿Se puede hablar de esa división fácil de buenos y malos?
Los peruanos andamos separando: "Que estos son los malos, que yo soy el bueno". No ayuda mucho. En las personas, instituciones, en toda la historia de la humanidad, siempre hay zonas grises que no llegamos a entender.
Es muy complicado abrirse paso en esto. Por ejemplo, escribiste: “¿Cómo puedo quererte, como te quiero, mi teniente, si mataste a mi amor (Rosaura)?”. ¿Hay un perdón hacia él?
Sí, hay perdón, rabia, cólera. Todo está ahí. Rosaura era una guerrillera que conocí cuando llegué por primera vez. Y seguramente su patrulla la mató, nunca me dijo. Pero uno también puede querer, hay que perdonar la vida y seguir adelante.
¿Cuando estudiabas o enseñabas fuiste cuestionado por tu pasado?
Nuestras historias y las memorias viajan en silencio. No decimos por miedo que te digan “eres terruco”. Nunca lo dices. Gracias a Carlos Iván Degregori y Yerko Castro publicamos "Memorias de un soldado desconocido" en México. Este libro iba a terminar en un tacho, quemado. Lo escribí en un convento, no para publicarlo. Nunca lo dije, ni siquiera a mis familiares más cercanos. Me atreví a decirlo porque me hace libre. Necesitamos sincerarnos para pensar por qué hicimos lo que hicimos.
¿Habrá película de "Memorias de un soldado"?
Mario Vargas Llosa escribió un guion sobre el libro. Lo leí cuando estaba en México, tiene muchas páginas y está muy bien. Se llama "Tatuajes de la memoria". Hace un mes vino Luis Llosa a Ayacucho y hablamos. Está buscando un lugar donde rodar la película y hará un casting. Llosa compró los derechos. Estamos a la espera para verla en el cine.
Volviendo a tu libro, ¿ves a la escritura como forma de afrontar el horror, lo incomprensible?
Me ayuda a entenderlo. Lo plasmas y puedes compartirlo y lo pueden leer. Pero también me ayuda para sentirme bien, libre; puedo decir lo que guardo tan dentro de mí, lo puedo plasmar en palabras, pintar la realidad con mi escritura.
Casi al final le dices a Shogún, pero también a los lectores: “Necesitamos no callar, no silenciar, no olvidar”...
Sí, hay que decirlas en voz alta, aunque duela. Esta no es la única forma de vida, hay otra que podemos hacer mejor para sentirnos más prójimos, humanos.
¿Para publicar estos libros has tenido que quitarte los estigmas?
Sí, no es fácil. Qué dirán mis familiares. “Ah, tú eres terruquito, de Sendero, seguro debes estar pensando en ello”. No, ni Sendero ni militar ni cura. Me libré. Ahora estoy en la educación, que también es otra institución, como una cárcel, y siempre quiero salir, quitarme esas cadenas. La vida es tan efímera y hay que disfrutarla todos los días.
Tras publicar del libro, ¿has tenido contacto con Shogún?
El día que me capturó, yo esperaba la muerte con tantas ansias, porque se iba a acabar todo el dolor, que te retorcía las tripas, por no comer nada. Llega la bala y te fuiste. Pero no me mató y me llevó a la base, y se convirtió en mi padre y un día desapareció. Luego recibí un zapato de él y escribí una notita, diciendo dónde estará. No sabía a quién entregárselo. Y tenía esa idea de encontrarlo. Su sobrina me escribió en redes que su tío me salvó la vida. Estoy más cerca. Cuando nos encontremos le daré un abrazo por ese gesto de humanidad que tuvo conmigo. Estoy aquí y puedo hacer algo por mis paisanos, por la gente, mis alumnos. Seguramente lo encontraré, pero el libro también está escrito como una excusa para decir lo que tenía guardado. Shogún me dio una oportunidad para hablarles a mis paisanos, los peruanos, y para pensar un poco lo que hicimos y que no deberíamos hacer; podemos construir otro porvenir mejor para nuestros hijos. Mirando nuestro pasado podemos ver el futuro.
¿El mensaje de la sobrina ha sido reciente?
Sí, con la publicación del libro. Hay más pistas. Ya llegará el momento. Quizá en la lectura de esta noche (ayer) en el LUM pueda verla y a la madre de Shogún, sino llegará otro día. Además, cada vez que alguien lee este libro, siento que lo ha hecho Shogún.
Perfil
Lurgio Gavilán, docente y antropólogo
Nació en Ayacucho en 1973. Es maestro y doctor en Antropología Social por la Universidad Iberoamericana (México). Ha publicado el libro “Memorias de un soldado desconocido” (2012).

