Walter Lingán (Cajamarca, 1954) residente en Viena, Austria, publicó la novela “Mi nombre es Paronacional” (Ornitorrinco Editores, 2024). Anteriormente publicó en el mismo género: El espanto enmudeció los sueños (2010), Koko Shijam, el libro andante del Marañón (2014), Un cuy entre alemanes (2015), Y me llamaron Ashé (2022), entre otras. En cuento, difundió: Mi corazón simplificado piensa en tu sexo (2019), A medianoche, en la eternidad (2020), Mis flores negras y otras indecencias (2022), y recientemente Niña y Stupsi – El increíble viaje de dos cuyes a la luna (2025) — novela ilustrada infantil.
Paronacional
En esta novela, se narra la historia en relación con la huelga y movilización nacional del 19 de julio de 1977 contra la dictadura militar de Francisco Morales Bermúdez (quien arbitrariamente reemplazó a Juan Velasco Alvarado), entrelazando relatos personales, colectivos y crónicas sobre la historia social de Lima y sus barriadas. Es conocido que Lingán es un profesional y escritor que se forjó desde el sector popular. Por ello, en “Mi nombre es Paronacional”, vuelve a lo social y político desde una perspectiva histórica, incorporando jerga popular, cultura barrial y memoria colectiva del Perú. Y, a la vez, se ilustra al lector con la poesía coyuntural peruana con “versos y no sólo con tripas” en voces como Verástegui, Ramírez Ruiz, Ollé, Mora, Rosina Valcarcel y Manuel Morales (p.27).
Social
Es una obra de fuerte carga social y política, centrada en la experiencia colectiva de un país atravesado por la protesta, la desigualdad y la crisis de representación. “El señorío de Collique se desarrolló en el valle Chillón. Ocupó un área que iba desde el mar hasta el actual pueblo de Santa Rosa de Quives (p.55). Desde ahí, “paro nacional” no es solo un acontecimiento histórico o coyuntural, sino que se personifica simbólicamente, convirtiéndose en identidad, voz y memoria. La trama se articula desde múltiples miradas: ciudadanos comunes, jóvenes, trabajadores, estudiantes y sectores marginados que viven el conflicto desde la calle, el miedo, la esperanza y la indignación. “En los últimos años de este siglo, una mañana por los cerros y las amplias avenidas cundió la noticia de la muerte de María Luisa Mendoza Obregón, Mama Mía. Los siglos pasan y pisan, pero el espíritu de la matriarca sigue vivo en el recuerdo de la people de la Cuarta Zona de Collique” (p.93). A través de estas voces, la novela retrata el desgaste del Estado, la violencia estructural, la precariedad cotidiana y el desencanto.
Literaria
La novela se inscribe en una tradición de narrativa real, donde la literatura asume un rol ético: dar voz a quienes no la tienen y cuestionar los relatos hegemónicos del poder. Lingán ha registrado el compromiso y testimonio de los escritores: “Caminando por las calles de su barrio eterno clima soleado con esporádicas lluvias entre diciembre y marzo de truenos y relámpagos, de un río Rímac más gritón que de costumbre, ahí de pronto el autor de -dónde manco el árbol de la espada y arcoíris- leyendo los carteles -se vende razón aquí- que colgaban en ciertos portones, sentenciaba que los peruanos son personas muy habilidosas” (p.138). Posteriormente el personaje Mauricio, descubre el poemario “Cinco razones puras para comprometerse con la huelga” de Cesáreo Martínez, su padre (p.39). Por lo tanto, la novela responde a una tendencia cada vez más visible en la literatura peruana: la de contar la historia “desde abajo”, desde las experiencias de la gente común, sus nombres, lugares y lenguajes.
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Continuidad
Lingán sigue la narrativa iniciada por la polifonía de José María Arguedas y la épica Manuel Scorza, la prosa de resistencia ética y política. En el contexto urbano y posmoderno, donde la protesta ya no es solo campesina o regional, sino ciudadana, juvenil y colectiva. El conflicto ya no se sitúa únicamente en la sierra o la comunidad, sino en la ciudad fragmentada, atravesada por desigualdades económicas, discursos mediáticos y violencia institucional. Los personajes no solo son andinos, sino descendientes, de manera que “Mamá con su santa pachocha, escuchaba. Anotaba. Volvía a preguntar. Luego conversaba con mi cocho. Sacaba resumen de todo lo charlado con la gentita. Chamuyo. Floreo. Risas. Cebichitos. Ensaladas, Causa criolla. Gaseositas. Se necesitaba agua y desagüe. Luz eléctrica. Cayetanos con pistas cheveronas. Bacancitas” (p.122).
Registros
El texto combina registro testimonial y reflexivo, que le otorga un tono híbrido entre la crónica la crítica. Desde Collique, Lima y el interior del país —convertida en escenario del enfrentamiento— aparece como un espacio fragmentado, donde el orden y el caos conviven, y donde el silencio oficial contrasta con el clamor popular. La experiencia de lectura: el paro como nombre propio, sujeto colectivo y grito plural. El título sugiere que el conflicto social ha dejado de ser un hecho aislado para convertirse en una identidad histórica compartida, para aquellos que vivimos la dictadura de Morales Bermúdez. Lingán, diluye las fronteras entre ficción y realidad, y se acerca a una escritura del presente inmediato. Concluye con versos de Cesáreo Martínez (p.184,185).
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