Chemo renunció
 en el 96 y ahora?
Chemo renunció en el 96 y ahora?

JUAN CARLOS ESTEVES
El 2 de junio de 1996, al final del 1-1 de la selección ante Colombia en el Estadio Nacional, el futbolista Chemo Del Solar apuró el paso con la tanta veces bien sudada blanquirroja y, en medio de mucha incertidumbre, tuvo la certeza de que todo había acabado.
Cuatro días después, en Trujillo, más sosegado, con la ilusión adelgazada y el sueño triturado por llegar a un Mundial, le dijo al país que no iba más con la selección. "Hace tres años no tengo descanso. Mis vacaciones siempre las jugué por la selección. Tengo un desgaste sicológico muy grande. Estoy harto del fútbol", fue su excusa y viajó a España para jugar por el Celta de Vigo. También dejó una frase demasiado interesada: "Yo desearía jugar por la selección, pero arriesgo tres años de contrato con el Celta".
Hasta ese momento se habían jugado dos partidos de la eliminatoria por llegar al Mundial Francia 98. En el primero, Perú cayó goleado por 4-1 ante Ecuador en Quito, y el segundo de local lo empató ante Colombia. Como en las dos anteriores eliminatorias, desde el inicio la suerte parecía estar echada.
Así lo entendió Chemo, que optó por ganar sus buenos dólares en España sin la presión de la tribuna o las despiadadas críticas de la calle.
Luego se supo que el volante peruano no soportaba la indisciplina de una generación que no era la suya, como el Chorri, Jayo, entre otros.
Paradójicamente, la renuncia de Chemo le hizo bien a la selección, porque el grupo que se quedó peleó hasta el último por la clasificación y sólo se quedó por diferencia de goles.

LA VUELTA. Tres años después, Francisco Maturana toma la selección y una de sus prioridades era convencer a Chemo de que regrese al combinado patrio. "Es tu última oportunidad de llegar a un Mundial como jugador", le dijo Pacho, y un Del Solar en el ocaso de su carrera, de regreso de España, sin nada que perder, aceptó. Hubo reconciliación con el Perú y con sus otrora compañeros, pero el proceso para llegar a Corea-Japón 2002 también abortó. Así coronó su fracaso como jugador de la selección peruana.

EL TÉCNICO. Hace dos años, un novato Chemo tomó la selección como entrenador, apurado por sus ansias de llegar a la gloria. Con el aval de una Comisión Seleccionadora repleta de errores y desaciertos, se puso el buzo de la blanquirroja convencido de que todo lo podía lograr.
"Pasarán cincuenta años y no saldrá otra generación mejor que ésta", dijo apostando a ser vidente. Sin embargo, la realidad le iba a pasar la factura muy rápido, porque con Pizarro, Farfán, Acasiete, Guerrero y Vargas, y transcurridas las cuatro primeras fechas de la presente eliminatoria, Perú no sólo tenía dos puntos de 12 jugados, sino también un escándalo como el del Hotel El Golf Los Inkas, donde él debió dar un paso al costado como principal responsable. No renunció, tal vez porque no quería dejar de ganar los US$42 mil mensuales.
Pasaron dos fechas más y Uruguay nos humilló con un 6-0. Todo el Perú pensaba que Chemo se iba. El hincha peruano afiló sus críticas contra él. Pero el técnico no dijo "estoy harto del fútbol", como cuando huyó como jugador en 1996, sino que siguió adelante. "Yo no me aferro al cargo. Si los dirigentes de la Federación deciden que me vaya, no hay problema, tampoco me voy a morir de hambre", afirmó. Llegó la fecha nueve. Perú perdió en La Paz ante Bolivia 3-0 y cayó al último lugar de la eliminatoria. Y Chemo siguió sin renunciar.
Hoy también continuamos en el último lugar tras perder con Chile y Brasil. Ante los chilenos pasamos otra vergüenza. "No es momento para pensar en una renuncia", dijo el técnico, dando a entender que luego del partido ante Brasil por fin le iba a hacer caso al clamor popular. Sin embargo, en la Videna aseguran que nada lo hará cambiar de parecer, porque quiere continuar ganando US$42 mil mensuales sin hacer nada.