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Doña Marcelina a Gladys Tejeda: “Te extraño y quiero abrazarte, hijita”

Madre de la fondista cuenta a Correo cómo fue la deportista desde su nacimiento. La hoy medalla de oro en los Panamericanos hacía tan rápido los mandados que la llamaban “gacela” o “correcaminos”.

26 de Julio del 2015 - 09:03 » Textos: Giovanna Luque gluque@grupoepensa.pe » Fotos: Correo

Doña Marcelina Pucuhuaranga (73) cuenta los días con los dedos de su manita arrugada para el regreso de su engreída, Gladys Tejeda. “Extraño a Gladys, hace más de un mes que no la veo, cuánto quisiera abrazarla”, dice con nostalgia mientras toma el desayuno en su natal Junín.

Enseguida, su memoria se vuelve ágil y recuerda pasajes de la última de sus nueve hijos.

HISTORIA DE GLADYS. “Gladys nació una madrugada fría”, añade doña Marcelina. Efectivamente, hace 29 años, a más de 4100 m de altitud, en una llanura de Junín, vino al mundo la ganadora de la medalla de oro en la maratón femenina de los Juegos Panamericanos Toronto 2015, Gladys Tejeda.

Marcelina, en ese entonces de 44 años, comenzó el duro proceso de parto la madrugada del 30 de setiembre. “Unas personas de la posta vinieron a ayudarme a mi casa porque no podía salir, hacía mucho frío”, recuerda.

Fue parto natural y en poco tiempo de “trabajo”, Marcelina tuvo en brazos a su engreída.

Gladys Tejeda se alimentó solo de leche materna hasta después del año de vida. “No quería darle otra cosa para que crezca sana y fuerte”, dice.

Luego le dio los productos que cosechaba junto a don Alejandro Tejeda, su esposo.

“Papa, maíz, máchica de cebada, queso, leche, cancha serrana, chuño, carne de oveja; todo natural. A Gladys le gustaba la maca con quinua y me lo pedía todos los días”, evoca. Sobre todo cuando regresaba de correr.

POBREZA AL ACECHO. La pobreza ha convivido con esta familia. “No teníamos muchos recursos. No había platita, no sé cómo hacía, pero nunca faltaba la comida para mis hijos. Yo me preocupaba por ellos porque me gustaba atenderlos. No dejaba que se enfermen y los curaba con medicinas naturales”, comenta.

Al ser Gladys la última de nueve hermanos, ella y su madre se volvieron inseparables.

Doña Marcelina relata que podía contar con ella y, por eso, le hacía los mandados. Los realizaba tan rápido y siempre corriendo que se quedó con dos apelativos: “gacela” y “correcaminos”.

Estos atributos, según Marcelina, los sacó de ella y luego de su esposo.

“Cuando joven yo también era ágil y rápida. Mi esposo igual corría y participó en una maratón en Junín y se ganó un reloj”, recuerda entre sonrisas.

Don Alejandro solía decir que si entrenaba sería un buen atleta y se sentía feliz cuando veía correr a Gladys. Él falleció hace 8 años.

PRIMEROS PREMIOS. Gladys hizo sus pininos maratónicos en su escuelita José Andrés Rázuri de Junín. Participaba para ganar un lápiz y un cuaderno, cuenta la orgullosa mamá. “Siempre ganaba algo por correr”.

En secundaria, en el colegio La Victoria, no pudo ganar el premio mayor -que era una cocina- porque no tenía zapatillas. “Como no había plata, un vecino nos prestó unas zapatillas. Pero mi hija me dijo que no ganó porque eran grandes”, añade y reitera que con gran esfuerzo hizo que Gladys estudie educación primaria en el Instituto Humberto Yauri Martínez de Junín.

“Yo quería que trabaje en su carrera, pero mis hijos me dijeron: ‘Mamá, a Gladys le gusta correr’ y yo, como madre, la apoyé”, apunta Marcelina, quien es considerada como algo “sagrado” para la llamada “gacela”.

“Si ella no se hubiese preocupado por mí, yo no hubiera llegado a todo esto”, dijo Gladys en una entrevista. Ahora el Perú y Junín la esperan.

Gladys Tejedatomó desde pequeña maca con quinua.

Ausencia. “Mi padre me llevaba a los lugares donde trabajaba. Él subía a caballo y yo me iba detrás, siguiéndolo”, dijo Gladys.

Tótem. Tejeda admira a la británica Paula Radcliffe, campeona del mundo de maratón y plusmarquista de esta distancia con 2h15:25.

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