La gloria del Bombonerazo
La gloria del Bombonerazo

Las hazañas tienen la bendición de la posteridad. El olvido, mezquino y miserable, es vencido por la naturaleza épica del triunfo. La admiración y el respeto se convierten en la celebración de la memoria.
Y hoy a cuarenta años del histórico empate de la selección peruana contra la argentina en la mítica Bombonera, se recuerda esa clasificación al Mundial de México 70, clasificación que nos permitía llegar por primera vez a un mundial por mérito propio. Clasificación que obtuvimos derrumbando a la poderosa Argentina, condenándola a estar ausente en esa justa mundialista.
Perú, en el trayecto de esa eliminatoria, había superado a Argentina 1-0 en Lima, encuentro decisivo para las aspiraciones del equipo peruano. El gol del triunfo, marcado por Perico León, logró una victoria que reflejó la superioridad de ese cuadro rojiblanco.
El otro rival a vencer, Bolivia, se convirtió en una pesadilla pasajera. El partido de ida, jugado en el estadio Hernán Siles de La Paz, tuvo un final de escándalo, cuando el árbitro venezolano Chechelev anuló un legítimo gol a Alberto Gallardo, quien empataba el encuentro 2-2. Los peruanos venían perdiendo 2-0 pero las distancias se fueron acortando. Chale anota el primer gol de Perú. Los bolivianos arrimados a su arco, sufrieron los embates de nuestros jugadores. Los bolivianos, que trataban de mantener la ventaja de manera desesperada, sucumbieron frente al zurdazo de Gallardo.
Las cosas se enderezaban aparentemente, la justicia llegaba a tiempo. Pero Chechelev no lo convalidó, los jugadores peruanos lo encimaron con furia. Roberto Chale le metió un cabezazo al árbitro, pero éste cerró los ojos. Y cuando los abrió vio a Mifflin, que terminó siendo expulsado. Otro inhabilitado en ese encuentro fue Nicolás La Fuente. Sin embargo, la injusta derrota de La Paz por 2-1 tenía que ser superada. El partido de vuelta en Lima se resolvió tranquilamente con una victoria clara y definitiva de 3-0. La clasificación en Buenos Aires era el desafío.

la expectativa. Todos sabían que no iba a ser fácil. Argentina, a pesar de sus problemas internos en aquel proceso eliminatorio, era un rival casi imbatible en su cancha. No importaba que Adolfo Pedernera, su técnico, hubiera sido llamado a dirigir a su selección faltando apenas un mes para el inicio de las eliminatorias. Ese partido era la vida o la muerte para ambas selecciones. Los peruanos no tenían miedo, no temblaban por la mítica fama de la Bombonera, sus rugidos no fueron intimidantes.

el encuentro. Cuando la pelota empezó a rodar y los argentinos no encontraban manera de vencer la valla de Rubiños, los insultos, los golpes bajos emergieron. Sabían que necesitan ganar para lograr un desempate en tierra neutral y tentar la clasificación. Perú consiguiendo la igualdad era suficiente para comprar el boleto a México. El primer tiempo terminó con un cero a cero. Nada estaba dicho, pero la alegría tenía esperanza de triunfo.
Durante el segundo tiempo es donde aparece la historia épica de este encuentro. Oswaldo Ramírez, quien no era titular en la selección, reemplaza para ese partido a Alberto Gallardo, delantero zurdo que padecía una lesión. Didí, un poco escéptico es convencido por el mismo Gallardo, quien le tenía fe a la velocidad de Cachito para el contraataque.
La velocidad de Oswaldo Cachito Ramírez definió uno de los partidos más importantes de la historia de nuestro fútbol. El primer gol peruano se da a los 52 minutos, cuando los argentinos trataban de presionar a Perú en su área, se genera una contraofensiva y el delantero vence a un Agustín Cejas que juró no ser vencido.
Su palabra quedó en deuda.
Después el argentino Albrecht iguala con un penal sospechoso a los 78 minutos, pero la reacción del equipo de la banda roja fue casi inmediata, Cachito Ramírez vuelve a ser protagonista, le roba una pelota al defensor Roberto Perfumo y enfila hacia Cejas, quien se arroja inútilmente ante el disparo certero del delantero.
Aunque a los 87 minutos, Alberto Rendo igualara el marcador, ya no importaba. Perú en faena heroica conseguía el sueño del mundial mexicano.
Los momentos de angustia se esfumaban, quedaba en la retina el talento y la picardía de ese grupo. Quedaba grabado que Perú respondía con viveza a las artimañas de los argentinos. Chale golpeando a Juan Carlos Rulli con la pelota sin que el árbitro lo viera, Perico León -por orden de Didí- rompiéndose el short para ganar algo de tiempo y enfriar a los gauchos. Pero también respondió con fútbol y con aquellos dos goles que sellaron su historia, demostrando que ese gol muchas veces tan esquivo sí existe.

De Cachito a Verdugo
Con sus dos goles que nos dieron la clasificación a México 70, Oswaldo Cachito Ramírez se convirtió en el Verdugo de la Bombonera y el héroe del partido. Sin embargo, antes de este trascendental partido era muy criticado. "A mí me criticaban por fallar goles, Waldir (Didí) al ver que era rápido y estaba siempre en la jugada, me dijo: "Siga así, que algún día el Perú entero se va acordar de usted". Y así fue, llegaron mis goles de la Bombonera y hasta ahora me recuerdan". También rememora que: "Un periódico que me criticaba tanto al final tituló así: "¡Perdón, Cachito!" .

Manuel Eráusquin
merausquin@epensa.com.pe

Juan Carlos Esteves
jcesteves@epensa.com.pe