Lo primero que se debe tener en cuenta es si la compra es una necesidad o un capricho, si realmente urge adquirirlo o solo es “querer comprarlo”. Luego hay que analizar si se puede adquirir un auto nuevo o usado. Esto depende del capital y de los ingresos que uno perciba. Al final este punto resulta determinante.
La idea es que la elección sea tomada con seguridad, brinde tranquilidad y no haya duda alguna. Dentro de este aspecto hay que decidir si la compra se hace al crédito o al contado. Por esta razón hay que revisar bien el presupuesto y los diferentes créditos vehiculares que ofrece el mercado. Igualmente hay que tener presente el costo de mantenimiento.
Es decir, ya sea a crédito o al contado, tener un automóvil genera gastos. Desde la gasolina hasta el aceite o líquidos de frenos. Hay que ver qué tipo de carro le conviene más a uno. No solo centrarse en un modelo atractivo sino en un vehículo práctico, que mejor se acomode a lo que necesitamos. Cuestiones de tamaño, calidad y precio son esenciales al momento de elegir.
Así como los gastos en mantenimiento, tener un auto implica contar con un seguro o póliza que se debe pagar. En suma, hay que ver si comprar un carro nos traerá beneficios en lugar de problemas. En muchos casos los jóvenes adquieren un vehículo que al final les resulta solo una carga. A tener mucho cuidado.

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