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El Tambo de Ruelas, ubicado en calle Beaterio 159, es parte de ese 10 por ciento de casonas a punto de desmoronarse en la zona monumental de . Aunque el Estado no puede hacer inversión para su puesta en valor por tratarse de propiedad privada, la ciudad tiene el gran reto de incluirlo en el circuito turístico cultural luego de un proceso de recuperación.

La Gerencia del Centro Histórico de Arequipa, a cargo del arquitecto Víctor Dibán Rojas, se ha empeñado en la búsqueda de recursos destinados a la tarea. Por ahora, la esperanza más nítida está en las tratativas hechas con World Monuments Fund, fundación de origen norteamericano con presencia en España, cuya labor es preservar el patrimonio histórico en el mundo.

VISITANTES. El propietario del tambo, René Leiva Torres, a sus 80 años de edad, guarda la esperanza de ver su casa restaurada y por ahora recibe con mucho entusiasmo a los cientos de estudiantes de arquitectura, turismo y otras carreras, quienes cada cierto tiempo acuden al lugar, como parte del circuito de casonas visitadas para conocer la historia local.

A diferencia de los dueños de otros predios ubicados en la zona protegida de la ciudad, Leiva carece de los recursos necesarios para financiar las reparaciones. El gerente del Centro Histórico, Víctor Dibán, considera viable suscribir un convenio entre la familia Leiva y la Municipalidad Provincial de Arequipa.

“La ciudad puede gestionar los recursos para recuperar el predio, lo ponemos en valor y al mismo tiempo allí podemos instalar la Escuela Taller Arequipa, la institución dedicada a la formación de jóvenes expertos en la conservación de patrimonio, inclusive puede ser un destino de turistas en donde podrían apreciar el arte en vivo, una experiencia sin duda muy gratificante para el tipo de visitantes que llegan a una ciudad patrimonio como la nuestra”, sostiene Dibán.

Otra alternativa es comprar el inmueble con recursos de la comuna provincial, pero siempre quedará abierta la posibilidad de que una empresa privada desee comprarse el pleito e invertir, previo trato con el dueño.

Pero ¿cuánto se requiere invertir? No existe un estudio técnico aún, pero sí algunas estimaciones hechas tanto por el personal de la gerencia como por los técnicos de la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo (Aecid). Demandaría no más de dos millones de soles.

El tambo está asentado sobre aproximadamente 3 mil metros cuadrados, el área central está conformada por su característico patio rodeado de un pabellón (ala derecha) de tres pisos construidos en diferentes épocas, y tres solares de sillar con habitaciones cada cual con puerta al recinto común, debe sumarse la huerta y otras estancias separadas de la zona principal.

Por gestiones de su dueño anterior, Gamaliel Leiva Valdivia, en 1974 obtuvo el título de Patrimonio Cultural de la Nación. Más adelante, el 2 de diciembre de 2000, elevó su valor a Patrimonio Cultural de la Humanidad, como parte del casco histórico conformado por aproximadmente 500 predios, tal como figura en los registros de la Organización de las Naciones para la Ciencia, Cultura y Educación (Unesco).

VIVIENDA. El sábado 15 de agosto de 1987, Diario Correo publicó un reportaje sobre el Tambo de Ruelas. El periodista Carlos Zúñiga Alemán, narraba en esa oportunidad que las instalaciones estaban habitadas por 38 familias, las cuales convirtieron los antiguos corralones de animales y pesebres en habitaciones donde se atiborraban enseres, cocinas y ropa tendida por doquier. La vecina más antigua entonces, era Caetana Flores de Morante.

En vivienda se convirtió desde el año 1950 cuando la administración de la ciudad prohibió que siguiera operando como tambo al haberse centralizado el comercio en otras zonas, el cambio radical del sistema de transporte de carga en desmedro de la costumbre de traer todo a la ciudad a lomo de bestia. Los vecinos, ya no aceptaban como cotidiano el arribo de ganado.

El terremoto del 23 de junio del año 2001, desestabilizó casi por completo las vetustas estructuras, especialmente en el tercer piso de pabellón del ala derecha. A partir de entonces los ocupantes de las habitaciones, se vieron en la necesidad de buscar otro lugar para vivir.

Hoy apenas dos familias permanecen y solo ocupan el ala izquierda, en tres habitaciones de sillar. Además continúa allí como firme guardián, René Leiva Torres, dispuesto siempre a relatar los episodios más destacados acontecidos entre las paredes y sótanos de esta construcción.

Para resumir las razones por las cuales Arequipa debe invertir esfuerzo y dinero en el Tambo de Ruelas, Víctor Dibán Rojas describe el inmueble como el perfecto mirador que ofrece una vista espectacular de Arequipa.

mirador. Y en efecto, basta subir hasta el tercer piso y apreciar desde las ventanas practicamente toda la ciudad. Quizá por eso el abogado y afecto a la astronomía, don Hipólito Sánchez Trujillo, fijó el tambo como lugar preferido para observar desde allí los astros que tanto motivaron su vida.

“Es un edificio único en su tipología, en gran parte está hecho en madera, fue maquillado por fuera, en su fachada hace unos años, pero nunca ha tenido una intervención integral. Tiene altísimo valor histórico, está a punto de perderse, casi en ruinas”, resume el arquitecto Dibán.

La Asociación Cultural Tragaluz, editó en el año 2012 un libro de 87 páginas, esencialmente gráfico, con una prolija descripción de cada rincón del Tambo de Ruelas. Con apoyo de un video donde se entrevistó a varios de sus protagonistas, Andrés Morales dirigió entonces uno de los documentos gráficos más completos.

Cada uno de los aportantes de este trabajo, Jimmy Quintanilla, Hans Rivadeneira, Roxana Fernández, Rosmery Postigo, Jimmy Tapia y Conrado Aguilar; plasman en las páginas de esta edición sus impresiones y los sentimientos que paredes, puertas y ventanas del tambo, despiertan en sus sensibles corazones amantes de las imágenes eternizadas.

Si esta estructura ha sido y sigue siendo capaz de captar el interés de fotógrafos, productores, cinéfilos, periodistas, arquitectos, turistas y toda persona capaz de conmoverse, no se entiende entonces cómo es que hasta hoy Arequipa se ha permitido mantenerse indiferente a la urgente necesidad de restaurar el Tambo de Ruelas.

Es una tarea para todos, empezando por quienes administran la Ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad.

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